Paulo Freire y Enrique Pichon-Rivière

(Publicado en FMM Educación con fecha 30/3/2016 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 7/6/2016)

PAULO FREIRE Y ENRIQUE PICHON-RIVIERE

Puesto que no hay lecturas inocentes, empecemos por confesar de qué lecturas somos culpables. Louis Althusser.

Enrique Pichon-Rivière (1907-1977) en la República Argentina, y Paulo Freire (1921-1997) en la República Federativa del Brasil, estuvieron fuertemente consustanciados con la democratización del conocimiento como un factor favorecedor de los individuos y de los grupos. Como creadores, cada uno fue portavoz de su tiempo y de su lugar de actuación, con una extendida repercusión mundial. Si bien no llegaron a conocerse son muchos los puntos de confluencia entre ambos, de los que haremos una breve síntesis a continuación a modo de homenaje y reconocimiento a tanta labor social, teniendo en cuenta su condición de pensadores de nuestra América Latina.

Para ambos el aprendizaje era una cuestión política. Paulo Freire, experto en temas de educación, fue al encuentro de los excluidos de su país. Su idea era que el abordar el  problema del analfabetismo significaba embestir de lleno a la conciencia dominante. Enrique Pichon-Rivière, médico psiquiatra, hizo algo similar pero en el territorio de la marginalidad de los enfermos mentales. Consideraron que la persona no debía ser valorada de manera individual sino como sujeto social, productor y a la vez producido por su propio cosmos. Entendieron al ser humano como constituyéndose en una praxis de mutua determinación con el mundo.

Pichon-Rivière fundó aquí la escuela de psicología social, en la cual su didáctica estuvo destinada no sólo a comunicar conocimientos (tarea informativa) sino  básicamente a desarrollar aptitudes y a modificar actitudes (tarea formativa). Y Freire, por su parte, creyó que el saber no radicaba únicamente en acumular conocimientos, sino en un aprender mediante una conciencia crítica. Él combatió la llamada pedagogía bancaria que hace del educando un recipiente a ser llenado por el educador, para propiciar su concepción problematizadora que conlleva una visión crítica del universo. Muy similar, pues, a  lo que vemos como crítica de la vida cotidiana.

Consideraron que el ser humano cambiando su propia existencia cotidiana sufría los efectos de su propia transformación. Así, se opusieron a todo sistema educativo que representara una estructura autoritaria, jerárquica y rígida; teniendo siempre como meta el desarrollo y la protección del hombre, de su humanitas. La lectura del mundo que hicieron nunca fue inocente, pues los dos bien sabían de la necesidad de modificar las relaciones de poder imperantes, como también que tanto el aprendizaje como la educación debían convertirse de modo inexorable en un proceso político. Y por ello ambos fueron perseguidos por los gobiernos militares de turno.

La propuesta pichoniana propició una educación abierta a todo aquel que estuviera  interesado, sin restricción ninguna. Como decía el maestro, la única condición para estudiar psicología social era ¡estar vivo! Esa idea no sólo amplió el espectro de los posibles convocados, sino que delineó con nitidez el campo del saber que Pichon-Rivière deseaba indagar, aplicar y transmitir. Él quiso formar agentes del cambio social planificado capaces de trocar dialécticamente lo real en la medida de lo posible. Así, poder  actuar teniendo una clara concepción del mundo y con técnicas concretas que sirvan para una mejor adaptación activa a la realidad.

La pedagogía crítica de Freire creyó que el conocimiento se debía construir desde las distintas circunstancias que estuviesen afectando al maestro y al aprendiz; a ambos como sujetos políticos en acción. Su propuesta de alfabetización de adultos, liberadora  y conscientizadora, permitió al educando convertirse en alguien capaz y responsable a los fines de ir desarrollando una mirada crítica, para erigirse en un agente de cambio y de producción cultural. La educación freireana fue concebida como un instrumento de la libertad; un transformar y transformarse entendidos como concreta herramienta de modificación de la vida cotidiana, del individuo y de los grupos.

Para concluir podemos preguntarnos: ¿de qué lecturas del mundo son culpables estos dos intelectuales latinoamericanos? Tal vez de percatarse que el sujeto no es en modo alguno individuo, sino el resultado de un complejo proceso histórico, social y cultural. La interpretación del mundo que ambos hicieron estuvo plasmada por una perspectiva política e ideológica muy definida: ellos no se limitaron a analizar la realidad, pues de lo que se trataba era de modificarla. Quizás Paulo Freire y Enrique Pichon-Rivière siempre supieron que las personas se humanizaron en el instante en que comenzaron a escribir su universo, es decir, a reinventarlo.

 
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