El Psicodrama Está de Luto

(Publicado en el blog Maravillas y Atrocidades para Pensar con fecha 14/2/2016; en FMM Educación con fecha 16/2/2016 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 23/2/2016)

EL PSICODRAMA ESTA DE LUTO

Si los desesperados somos muchos es más fácil.

¡Se nos fue Tato! El pasado 4 de octubre de 2015 falleció Eduardo Pavlovsky, médico, psicoanalista, psicodramatista, actor, director, dramaturgo e ícono de nuestro teatro nacional. Fue un luchador en los ámbitos donde desplegó su actividad y en su vida toda. Habitó el coraje de ser, hacer y pensar. Ese fue su modo de existir, pero por sobre todo su política, su ética y su estética. Apasionadamente sostuvo que lo terrible era que dejáramos de sorprendernos; pues ahí, en ese punto trágico, morían el amor y la creación. Y estos principios habrán de ser continuados por las próximas generaciones, quienes recogerán las banderas que él generosamente nos legó.

Tanto en el teatro como en la coordinación de grupos, Tato creyó en la Multiplicación Dramática como un dispositivo artístico y clínico sanador. Multiplicar proviene de plico: pliegue, desplegar e implicarse, comprometerse. Así, enseñó que una escena original daba paso a una serie de multiplicaciones que luego irían creciendo de ellas mismas, con un verdadero desarrollo rizomático (multiplicación de multiplicación de multiplicaciones), logrando des-sujetizar a los participantes de tal experiencia. Para él desbloquear era más importante que analizar; y su propuesta consistía en poder jugar con nuestros bloqueos antes que interpretar sus motivaciones.

Pavlovsky decía que no se puede jugar a medias. Si jugamos hay que hacerlo a fondo, con pasión. Es necesario salir del mundo de lo concreto para incursionar en el terreno de la locura, de la cual hay que aprender a entrar y a salir. Sin meternos en la locura no hay creatividad. Y sin creatividad uno se burocratiza, se torna hombre concreto, repite palabras de otro. En términos psicosociales, se trataría de una adaptación pasiva a la realidad o de aceptar acríticamente normas y valores impuestos. Propuso vivir una existencia llena de intensidades y de nuevos territorios afectivos; algo así como el simple hecho de la propia vivencia como posibilidad y potencia.

Su psicodrama y el modo de abordar lo grupal seguirán siendo un aporte para todos, invitando a hacer un escenario de los espacios, un lugar donde todo lo que acontezca  dependa exclusivamente de cuanto consigamos inventar. Y que después podamos registrar esas emociones que nos dejan fuertes marcas en nuestras subjetividades. Tato Pavlovsky nos llevó a comprender el concepto de “entre” en los vínculos, como un  constante fluir que permite conectar las multiplicidades. Es un flujo consistente, denso,  pasional, que describe un mundo, su mundo. Siempre vital y en movimiento continuo para que así vayan renaciendo nuestras intimidades afectadas.

Cuando coordinaba grupos no sólo transmitía un saber intelectual del conocimiento acumulado, sino un saber que está en el cuerpo. Escuchar el cuerpo y sus resonancias  fue y es un gran aprendizaje pavlovskiano. Tato siempre entendió que aquello que finalmente cura es el grupo. Según el diccionario de la Real Academia Española, curar es también cuidar. La palabra cura no alcanza para abarcar en su totalidad la riqueza y complejidad que el trabajo psicodramático produce en los integrantes de un colectivo de individuos. Pues, de eso se trata el curäre —el cuidar— de generar las condiciones óptimas para el despliegue de lo lúdico y de la diversión.

Lúdico viene del latín ludicrum, que además de juego es diversión. Divertir es recrear, es invención; surge de vertere que es alejarse. Pavlovsky proponía alejarse de la escena conflictiva inicial individual, dando un giro, una apertura creativa para ser elaborada  luego por el grupo. Es la tarea del psicodramatista poder captar de qué manera las di-versiones afectan al grupo y, en particular, al protagonista quien, en un gesto de enorme apertura y confianza, expone su intimidad a los atravesamientos de los demás participantes. Esta tarea fomenta el desarrollo psicosocial de cada cual, permitiendo conformar la personalidad a través de un placentero compartir.

Eduardo Pavlovsky hizo de la palabra y del cuerpo una herramienta. Nunca cesó de llamar a la resistencia contra la dominación, de incitar a la profunda reflexión acerca de la condición humana en sus miserias y sus grandezas. Por eso fue perseguido y tuvo que escapar precipitadamente del país, sufriendo en su propia piel el exilio de los años negros de la dictadura militar argentina. Que sirvan estos breves conceptos de cálido homenaje a quien paseó su saber por La Habana, Madrid, Copenhague, Gotemburgo, Londres, entre tantas otras ciudades del mundo que pudieron disfrutar de su inmensa producción artística. ¡Un abrazo para vos, Tato deleuziano y rizomático!

 
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