La Psicología Social en los Geriátricos

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar — Año 6 Nro. 65 de septiembre de 2014 y en A.P.S.R.A. - Experiencias Psicosociales con fecha 1/1/2016)

LA PSICOLOGIA SOCIAL EN LOS GERIATRICOS

Con el fin de continuar difundiendo la labor que podemos desempeñar los psicólogos sociales, tomé contacto con Adriana Gladys Ricci y su trabajo en varios geriátricos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ella es Acompañante Psicoterapéutica y Técnica en Comunicación y Psicología Social; y desarrolla una interesante tarea grupal con adultos mayores alojados en distintos hogares. Los ejes esenciales de su rol coordinador son el vínculo, la comunicación y el aprendizaje. Así pues, ¿qué hacer con estos ancianos y sus vínculos? ¿Cómo facilitar la comunicación para que, a través del diálogo, logren ir recuperando sus partes alienadas a causa de la internación? ¿Qué nuevos aprendizajes son capaces de incorporar en sus ya muy transitados mundos internos?

Un dato relevante es que los abuelos y abuelas esperan con muchas ganas la llegada de Adriana al lugar, pues cada reunión grupal les resulta muy rica en sensaciones y vivencias. Juntos comparten tanto charlas sobre su situación actual y recuerdos del allá y entonces, como también actividades lúdicas, recreativas, de reflexión, etc. Los objetivos generales son: fomentar el deseo de convivir en los hogares, reconociendo la compleja trama vincular de los ancianos entre sí y con las personas que los atienden;  promover el conocimiento recíproco de los internados y su reubicación en las redes sociales, desde el lugar y modo que sea posible. Sabemos que cada agrupación tiene su dinámica particular, generando y engendrando su propia cultura.

Se trata de abordar integralmente un dispositivo de alojamiento convivencial para quienes están internados, ayudándolos a sostener e incrementar sus capacidades de pensar, de sentir y de hacer. Empleando varias técnicas de los grupos operativos y sentados en círculo —de forma que todos puedan mirarse e interactuar— conversan sobre su realidad puntual en el geriátrico, pudiendo así muchos de ellos transitar y tramitar sus miedos y sus ansiedades. Como el mundo exterior se les presenta mediado por las pantallas de los televisores, también se reflexiona grupalmente sobre eso que ven y escuchan a diario: un mundo con particularidades muy diferentes al que les tocó vivir y del cual la mayoría siente —y sabe— que se está despidiendo.

Puede señalarse que la coordinación precisa ser mucho más activa y participativa al  operar con individuos de la tercera edad, a efectos de mantener y fomentar la comunicación intragrupal. Es decir, el coordinador debe ejercer —las más de las veces— cierto liderazgo en pos de preservar la direccionalidad de su tarea específica. Es habitual que el diálogo entre los abuelos deba ser facilitado por quien tiene el grupo a cargo, haciendo que el rol organizador sea más dinámico. Así, la psicóloga social Ricci suele llevarles fotos de aquellos tiempos pasados que los incentivan a expresar sus recuerdos y anécdotas de lo vivenciado; como también canciones y viejos temas musicales que incluso los movilizan al punto de terminar todos bailando.

Hace poco, al llegar la coordinadora a uno de los geriátricos se encontró con una abuela cantando La pulpera de Santa Lucía, mientras las demás integrantes la seguían con sus miradas. Rápidamente, Adriana Ricci interpretó que ella estaba operando como portavoz, es decir: aquel miembro que en algún momento denuncia el acontecer  grupal, las fantasías que lo mueven, las necesidades y ansiedades de todos ellos. Y así sucedió efectivamente, ya que el grupo comenzó a cantar y charlar sobre viejos temas musicales y sus intérpretes, y a recordar aquellos bailes de carnavales a los que concurrían. Siempre se está atento a lo que —en términos psicosociales—se conoce como alcahuete del grupo, trovador-radar o comentarista de emergentes.

Por otro lado, siempre decimos que en toda agrupación se presentan desavenencias y disputas de la más diversa índole. Por supuesto, ellas también habitan en los citados  geriátricos. Aquí es esencial operar procurando transformar lo hostil en tierno, bajando los decibeles de la situación conflictiva y, fundamentalmente, dejando el mejor clima colectivo al momento de finalizar el coordinador psicosocial su tarea diaria. Por tanto, siempre son bienvenidos los juegos de ingenio, los acertijos, los chistes, el recuerdo de las películas de antes y de sus protagonistas —actores y actrices— que llegan muchas veces a inspirar el erotismo de las abuelas y abuelos que, pese a sus edades, aún sigue vigente tanto en sus imaginarios como en sus traviesas fantasías.

Quiero agradecer a Adriana G. Ricci el haberme permitido participar de su trabajo tan profesional, como así también a los miembros del grupo que me recibieron con mucho cariño y con quienes pude compartir el mejor de los momentos. Los psicólogos sociales tenemos mucho por hacer en todos los espacios en los cuales nos encontremos ante el hombre-en-situación interactuando con sus vínculos cotidianos. Trazo singular y trama vincular. Se trata de continuar trabajando con niños, jóvenes y adultos; en adicciones y en juegotecas; en las escuelas, clubes, empresas, sociedades de fomento, iglesias, templos, sindicatos, cárceles y entes ya sean públicos o privados. Y también para brindar a nuestros mayores una mejor calidad de vida en los geriátricos.