La Escucha del Coordinador

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar — Año 5 Nro. 52  de julio de  2013; en La Silla del Coordinador con fecha 28/9/2013; en 1968 Grupalista: Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 3/11/2014 y en A.P.S.R.A. - Contenidos Teóricos con fecha 6/7/2015)

LA ESCUCHA DEL COORDINADOR

Según el filósofo Martin Heidegger, el habla habla. Y poéticamente agrega que si nos dejamos caer en el abismo indicado por esa frase no nos hundimos en el vacío, sino que caemos hacia lo alto. Tal altitud abre una profundidad. Veamos, entonces, algunas ideas vinculadas a las palabras que circulan en todo grupo, las que deben ser escuchadas, interpretadas y puestas en juego por quien  cumple el rol coordinador.

Escuchar proviene del latín vulgar auscultàre y, en términos generales, significa prestar atención a lo que se oye. El coordinador grupal ausculta, observa, explora y examina los pensamientos de otras personas. Pichon-Rivière expresó alguna vez que siempre quiso saber qué hay detrás de lo dicho, entendiendo que las palabras que decimos se abren a la polisemia con nuevos y variados significados para un mismo significante.

Pensamos que todo coordinador de grupos debe también interesarse en un propósito similar ya que, desde nuestra Psicología Social Argentina, decimos que detrás de lo manifiesto se oculta lo latente, que atrás de lo explícito se esconde lo implícito y que detrás de lo consciente yace lo inconsciente. Saber escuchar es un arte (escucharte) y, como todo arte, tiene sus reglas y sus normas específicas y puntuales a seguir.

La regla fundamental es que quien coordina se concentre por completo en lo que dicen los miembros de su grupo. Debe estar lo más libre posible de preconceptos, miedos y ansiedades; además de contar con la suficiente empatía para sentir como propias las vivencias de los otros. Según Erich Fromm, dicha empatía tiene como condición una gran capacidad de amar, pues la comprensión y el amor son inseparables.

Desde la función de coordinación y en el intercambio grupal, solemos encontrarnos con múltiples modos de expresión: tales como los del líder, los del portavoz, los del chivo expiatorio, los del saboteador y, por qué no, incluso los del silente (ya que hasta en el silencio habla la palabra negada). En dicho dispositivo o encuadre se podrá, entonces, jugar con las palabras e incluso poner nuestro cuerpo al intervenir.

A todas esas palabras que circulan grupalmente, el coordinador las lee como si estuviesen escritas sobre el paño de una bandera flameando: de modo tal que mientras él puede ver algunas letras los otros, según ese movimiento ondulante, leerán algo muy distinto. Pues, lo que cada uno expresa se termina de decir, no de similar modo, en las orejas de los demás miembros y según sus propias historias singulares.

Así, un coordinador grupal será un verdadero arquiatra —concepto que el fundador de nuestra Psicología Social tomó prestado de su amigo Aldo Pellegrini— si consigue penetrar a fondo los misterios de la naturaleza de cada ser, logrando el más alto nivel de comprensión humana. El conocimiento de la verdad no nos hace cambiar nada; y sólo podrá haber un cambio efectivo si dicho entendimiento es además esencialmente afectivo.