Grupo y Avalancha Tanguera

(Publicado en Psicosocial Tesei Magazine – Nro. 2 de agosto de 2011; en Psicología Social Portavoces (Uruguay); en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar – Año 3 Nro. 33 de septiembre de 2011; en La Silla del Coordinador con fecha 18/5/2013 y en 1968 Grupalista: Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 2/12/2014)

GRUPO Y AVALANCHA TANGUERA

A fines del mes de julio del corriente año fuimos invitados a participar de una Avalancha Tanguera en la ciudad de Montevideo (R. O. del Uruguay); propuesta que nos efectuara la  Escuela de Psicología Social Portavoces a través de Yisela Veiga Sosa. Allí tomamos conocimiento de este fenómeno social, cultural y popular denominado Avalancha Tanguera, en el cual se reúne un grupo de personas de distintas edades y procedencias para bailar, sentir y transmitir la magia del tango. La actividad  se divide en dos momentos bien diferenciados: a) una primera etapa para disfrutar de la capacidad socializadora que implica esta danza tan particular; y b) una segunda instancia, llamada redondilla, donde se le da paso a la palabra que fluidamente circula  entre los distintos miembros participantes.

Evidentemente, la psicología social puede llevarse de maravillas con esta actividad  avalanchera, que es definida por Juan Pablo Mirza como una comunidad de afectos que se va tejiendo en el abrazo del tango y que, en su caminar, genera sus propios espacios de buen compartir, baile, diversión y reflexión. Veamos esto con algún detalle, ya que el tango —que es danza, música y poesía— es también un pretexto para el encuentro grupal, tal como nuestro conocido reencuentro pichoniano. Es así que los miembros se juntan para compartir un tiempo de intercambio y con una clara propuesta integradora. O dicho de otro modo, para grupear haciendo de cada jornada una puntual puesta a prueba del deseo, de esas ganas que los aproximan grandemente a actividades creativas y creadoras.

La primera dinámica que se utiliza es la rotación del baile, ya que la idea es que todos bailen con todos. La Avalancha Tanguera pretende ser un dinamizador grupal y un aglutinador social, apostando a los vínculos sanos como matriz de las relaciones humanas y en contraposición a los valores promovidos por esta sociedad alienada y globalizada. Un coordinador, también conocido como multiplicador del tango, es quien  guía las reuniones de los que desempeñan los roles propiamente avalancheros; ello en pos de un creciente desarrollo de la comunicación. En una primera instancia por medio de lo corporal  y, luego, mediante la reflexión compartida en la ya mencionada ronda o redondilla. Este último es un espacio para hablar y ser escuchado, sentados todos en forma circular y con la rica presencia de la palabra.

¿Acaso no estamos hablando de un conjunto de personas ligadas entre sí por constantes de tiempo y espacio, articuladas por su mutua representación interna y que se plantean —explícita o implícitamente— una tarea que constituye su finalidad? En algún momento nos pareció ver a Enrique Pichon-Rivière bailando el tango y disfrutando de esta avalancha uruguaya, que moviliza tantos sentimientos e involucra emociones muy fuertes… tal como hoy sucede en cualquiera de las escuelas que siguen las enseñanzas del maestro. Lo subjetivo tiene una presencia trascendente: tanto el aprendizaje del tango como de la psicología social nos conectan con nuestra sensualidad, con muchas fantasías y fantasmas que intensamente habitan en el  mundo interno (grupo interno) de cada uno de nosotros.

Pudimos advertir lo horizontal de la tarea grupal que representa la Avalancha Tanguera, en su cruce puntual con lo vertical que le sucede a cada miembro no solamente en su expresión física y corporal, sino también en su interioridad psíquica. Cada participante está expuesto a los significantes que desplazan sobre él los demás miembros del grupo, siendo el comportamiento un espejo donde se muestra algo de la verdadera imagen. Aquí también lo grupal es una gestalt-gestaltung, una estructura estructurándose, lo que nos brinda la idea dialéctica de la función instituyente del grupo en el sujeto. Creemos que quien participe activamente de esta experiencia avalanchera tal vez no vuelva a ser el mismo, pues adquirirá una subjetividad distinta y remozada ante sí y ante su circunstancia toda.

No hay grupo sin tarea; y esta tarea puntual tiene sentido dentro de un proyecto compartido en el cual sus miembros se vinculan cuando —y porque— se necesitan, toda vez que no son otra cosa que sujetos de necesidades. Por eso, subrayamos la función de contención que brinda la Avalancha Tanguera a sus integrantes, como también el sentimiento de seguridad que se advierte en el ambiente.  Desde la psicología social, decimos que el sub-jectum de la necesidad se metamorfosea como consecuencia del pro-jectum grupal. El cuerpo y la palabra, la danza y la reflexión, validan lo que direcciona la propuesta en estos encuentros. Aquí también vemos que a mayor heterogeneidad de los miembros y mayor homogeneidad en la tarea, mayor resulta la productividad del grupo.

En este fenómeno colectivo, el coordinador ayuda a vencer las estereotipias. Cada grupo construye su propio imaginario que opera como una cultura particular, otorgándole a la Avalancha Tanguera su estilo único y singular. Estos grupos son instituyentes del sujeto, como también los avalancheros son instituyentes del grupo. Síntesis que tiene como agente a cada miembro; síntesis que es a la vez proceso y producto. Está claro que esta técnica solamente se puede aprender —y aprehender— a partir de la experiencia personal. Una creciente tendencia hacia la integración de los participantes los llevará a un destino que jamás imaginaron al inicio de este proceso compartido. Y así, junto a nuevos pasos de baile, al lado de nuevas figuras en la danza, nacerán esos otros yoes que nos yoan desde lo más íntimo.

RONALDO WRIGHT

CARLA G. INZAURRALDE

Psicólogos Sociales