Contradicciones y Polaridades en el Este y el Oeste

(Publicado en el portal de Arco Atlántico con fecha 30/11/2010; en FMM Educación con fecha 4/12/2010; en La silla del Coordinador con fecha 26/7/2013 y en 1968 Grupalista: Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 9/11/2014)

CONTRADICCIONES Y POLARIDADES EN EL ESTE Y EL OESTE

Entre los años 1952 y 1954, Enrique Pichon-Rivière solía reunirse los domingos en su casa de la calle Copérnico con dos jóvenes platenses: Milcíades Peña y Floreal Ferrara, con quienes estudiaba diversos textos cuyo eje era la filosofía marxista. Por aquellos días, el creador de la Psicología Social Argentina atravesaba una etapa de intensa búsqueda creativa e intelectual, llegándose a producir una verdadera conmoción en todos sus paradigmas. Entre numerosos conceptos abrevados de otras ciencias y técnicas, la metodología dialéctica hacía un marcado ingreso en su vida y en su obra. Digamos, entonces, que la dialéctica es el método filosófico que procura investigar y resolver las contradicciones del pensamiento y de la realidad histórica. Fue Heráclito el Oscuro quien, allá por el siglo VI a.C., introdujo el concepto de unidad y lucha entre fuerzas contrarias como ley universal, entendiendo que todo lo que se opone se une y todo lo que se separa está de acuerdo. Y esta idea es de esencial utilidad para el operador psicosocial, conocida como arte del timonel en nuestra práctica profesional.

Las filosofías de Georg Hegel y de Karl Marx también fueron apropiadas por nuestra disciplina, tanto en la representación del mundo como un proceso en movimiento espiralado, como en el desarrollo de los escalones inferiores a los superiores en sus momentos típicos: tesis, antítesis y síntesis. El método dialéctico permite así la producción de conocimiento de las normas que rigen la naturaleza, la sociedad y el pensamiento: tres aspectos de lo real comprometidos con lo que denominamos hombre en situación. La Ley de la Contradicción —o de unidad y lucha de contrarios— desentraña nuestras tensiones opuestas, nuestros impulsos internos. Todo va modificándose a cada momento por la resultante de la pelea entre cambiantes fuerzas contradictorias, las que unidas determinan conjuntamente su realidad. Este principio indica que en todo proceso interactúan  tendencias contrapuestas que pueden tanto relacionarse como excluirse. La unidad y lucha de contrarios es un modo universal de existencia de la materia, condicionando su evolución y funcionamiento.

El Psicoanálisis hace referencia a la noción de ambivalencia como la presencia simultánea, en relación a un mismo objeto, de tendencias, actitudes y sentimientos opuestos. Lo significativo de este concepto radica en el mantenimiento de una oposición en la cual la afirmación y la negación son simultáneas e inseparables. Sigmund Freud, al aludir al par antitético y ambivalente actividad-pasividad, advierte que la moción pulsional activa coexiste con la moción pulsional pasiva. Vemos que también la Gestalt ha tomado para sí un concepto parecido, haciendo alusión a las polaridades como una de las características del comportamiento humano: fondo y forma, salud y enfermedad, amor y odio, agresividad y ternura, mente y cuerpo, coraje y miedo, etc. Esta psicología no procura la eliminación de uno de los polos en provecho del otro, ni el encuentro de un posible justo medio —ambos ilusorios y empobrecedores— sino la complementación entre ellos; integrando lo corporal, lo emocional, lo afectivo y la energía del darse cuenta (awareness) en pos de una terapéutica humanista.

Teniendo en cuenta lo polar como las dos caras de una misma moneda, aludamos también a la cinta de Möbius (conocida como banda de Moebius, según su pronunciación en idioma español), que consiste en una superficie con una sola cara y un solo borde. Para construirla, hay que tomar una cinta de papel y pegar sus extremos dando antes una media vuelta a uno de ellos. De tal modo, lo que tenía dos caras pasa así a tener una sola, perdiendo todo sentido el referirse a una cara exterior y otra interior de la aludida cinta. Este descubrimiento del año 1858, realizado por el matemático alemán  August F. Möbius, permite ver otro modo de interconexión entre los opuestos y tiene la siguiente particularidad topológica: al cortar la banda a lo largo no se obtienen —a diferencia de una cinta normal—  dos bandas, sino una más larga pero con dos vueltas. Y a medida que continuemos haciendo cortes a lo largo seguirán obteniéndose más bandas entrelazadas; y precisamente de tales lazos y vínculos entre  distintos aspectos de un mismo fenómeno es de lo que intentamos hablar en este texto.

Occidente y Oriente no difieren en mucho para abordar la temática aquí presentada. Pues, destaquemos que para el modo de pensar chino, el concepto de polaridad no debe confundirse con las nociones de oposición o conflicto, pues aquél se basa en el principio de que más y menos, norte y sur, bueno y malo, claro y oscuro, son diferentes aspectos de uno y el mismo sistema. Consecuentemente, la eliminación de uno de esos polos significaría lisa y llanamente la desaparición del sistema todo. En el idioma chino, los dos polos de la energía cósmica son yang (positivo) y yin (negativo). Sus ideogramas señalan el lado soleado y el lado en sombra de una colina, y están asociados con lo masculino y lo femenino, lo fuerte y lo débil, lo firme y lo flojo, el cielo y la tierra, la luz y la oscuridad, lo que se eleva y lo que cae. Alan Watts enseña que no se considera el arte de vivir como algo unido a yang y apartado de yin, sino como el equilibrio entre ambas polaridades, ya que obviamente no puede existir el uno sin el otro. La sabiduría china siempre ha respetado este trascendente equilibrio en el desequilibrio.

Para Oriente, no existe la posibilidad última de que un polo triunfe sobre el otro ya que los entienden como amantes en pugna más que como adversarios en lucha. Una expresión china común utilizada para referirse a la relación sexual es hua chen, combate florido, en el que desde ya ninguno de los dos integrantes quiere destruir al otro. Los filósofos de la escuela Yin-Yang (siglo III a.C.) consideraron lo positivo y lo negativo como aspectos del t’ai chi, la Gran Esencia. Es significativo que su emblema sea la doble hélice, que es al mismo tiempo el modelo de comunicación sexual y de la galaxia en espiral. Hay un elemento que es común a la exposición del I Ching y a la primera filosofía taoísta, que está representado por el reconocimiento de que los opuestos son interdependientes, contradictorios y  polares, y que existe en nosotros los seres humanos  algo —¿lo inconsciente?— que podría apelar a una sabiduría más elevada de la que puede ser resuelta por medio de la lógica formal. Es muy probable que un procedimiento similar sea el empleado en la interpretación psicoanalítica de los sueños.

En sintonía con lo anterior,  D.T. Suzuki nos dice que también para el budismo zen el sho y el hen constituyen una dualidad como el yin y el yang de la filosofía china. Sho significa bueno, derecho, justo, equilibrado; y hen nos habla de parcial, unilateral, desviado, desequilibrado. Ambas ideas se unifican como una identidad viva de la contradicción. Sus equivalentes en castellano serían lo absoluto y lo relativo, lo infinito y lo finito, lo uno y lo múltiple, lo universal y lo singular, lo oscuro y la luz. Para el hombre dedicado al zen, es falso que el sho y el hen estén en oposición y que no puedan reconciliarse, pues en verdad el sho no puede ser el sho ni el hen puede ser el hen cada uno por sí. Si lo uno no está allí, no podemos siquiera hablar de lo múltiple. Sólo cuando reconocemos que la belleza es bella entendemos que la fealdad existe; ser y no ser se engendran mutuamente. Solemos creer que el silencio oriental está en contraste con la palabra occidental, sin comprender lo que quieren decir con su silencio: que no se opone al verbo sino que es el verbo mismo, pues para ellos es un silencio atronador.

¿Cuál es la utilidad de estas ideas vigentes en el Este y en el Oeste del mundo?  Pues, la filosofía china entiende que uno y la naturaleza son el mismo proceso, es decir el Tao. Taoísmo es el modo en que el individuo coopera con el curso del mundo natural, reconciliando individualidad y sociabilidad, unidad y diversidad. Mi interior nace y se corresponde con lo que es exterior a mí y, aunque ambos difieran, no pueden verse disociados ya que la individualidad es inseparable de la comunidad. El mayor obstáculo para buscar la objetividad es nuestra presencia subjetiva. Existe un modo de sentir el devenir de la naturaleza distinto al de expresarlo con palabras; de allí que el idioma chino sea chocante y obligue a pensar. Su lenguaje ideográfico es más próximo a la naturaleza que uno estrictamente lineal y alfabético como el nuestro. Un proverbio chino dice que una figura equivale a mil palabras y que habitualmente es más fácil mostrar que decir. Wu-wei implica fluctuar con las experiencias tal como van y vienen: esto es el fluir con el momento, ya que no puede haber una experiencia si no es ahora.

Por su lado, el principio budista-hinduista del karma cree que todo lo que ocurre es nuestra propia acción y hacer. Todo el universo es una armonía o simbiosis de modelos que no pueden existir los unos sin los otros, considerándose la vida humana como un rasgo integrante del proceso global y no como algo ajeno y opuesto a él. Su filosofía consiste en seguir con inteligencia y habilidad el curso, la corriente, la textura del fenómeno natural. El organismo humano posee el mismo tipo de inteligencia innata que los ecosistemas de la naturaleza, por lo que la sabiduría de nuestros sentidos e impulsos debe observarse con paciencia y respeto. Un artista de la vida no necesita salirse de sí mismo; toda la capacidad, todos los implementos necesarios están dentro de él desde que nace. Samadhi quiere decir equilibrio, uniformidad, ecuanimidad o estado de tranquilidad. Aquí-ahora equivale al vacío y a la infinitud. El zen puede parecer ocasionalmente demasiado críptico y enigmático, pero es después de todo una disciplina y enseñanza simple: hacer el bien, evitar el mal y purificar el propio corazón.

Los psicólogos sociales, a partir de la dialéctica, también entendemos al sujeto no en un vínculo estático con su realidad social, sino en una relación antagónica, contradictoria y de evidente polaridad. Pensamos que las tramas vinculares están concebidas como campos de contradicciones fructíferas, las que conducen a la producción de un saber-hacer-aquí-y ahora individual y grupal. Nuestra disciplina es en verdad una filosofía de vida y una herramienta al servicio del desarrollo de las potencialidades humanas, poniendo el acento en la búsqueda hacia la afirmación y la expansión de nuestra condición de seres bio-psico-sociales.  De la mano de la Gestalt —palabra de origen alemán que significa totalidad, estructura y configuración—, sostenemos que el crecimiento del sujeto es un proceso creativo y libre: se trata ni más ni menos que de dejarnos ser, pasando de un estar fijo y estereotipado a la infinita experiencia de la existencia. ¿Acaso no pueden las consideraciones antedichas aplicarse a todas las situaciones humanas, sean modernas o antiguas, occidentales u orientales, del Este o del Oeste?