Algo Más Sobre Coordinación Grupal y Psicología Social

(Publicado en El Semejante - Año 6 Nro. 42 de noviembre de 2007; en La Silla del Coordinador con fecha 8/2/2013 y en 1968 Grupalista: Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 5/11/2014)

ALGO MAS SOBRE COORDINACION GRUPAL Y PSICOLOGIA SOCIAL

Continuando con las funciones del coordinador grupal (ver la edición de El Semejante correspondiente al pasado mes de octubre), agreguemos aquí que el Psicólogo Social no conduce al grupo en el cual opera; no es un amo ni ocupa el lugar del saber. No cura, no educa ni gobierna. El trabajo grupal lo hace el propio grupo. La coordinación fomenta la interacción dialéctica, creativa y creadora, actuando sobre aquellas conductas rígidas y estereotipadas con el propósito de diluir los circuitos viciosos y cerrados. El operador psicosocial promueve en el grupo una articulación entre el saber de la práctica cotidiana y el saber científico, colaborando en la elaboración de obstáculos epistemológicos y epistemofílicos que frenan la tarea grupal.

La finalidad de las intervenciones tiende a lograr una comunicación fluida dentro del grupo, contribuyendo la coordinación en el análisis de los esquemas referenciales e ideologías rígidas que detienen la operatividad grupal. Es tarea del Psicólogo Social el promover una lógica democrática, recuperando la dignidad de la palabra singular y la diversidad de las historias particulares de todos y cada uno de los participantes. Desde ya, tal metodología no hace otra cosa que deponer el dominio desde el rol coordinador, como así también resaltar los saberes que dimanan de los propios miembros y en función de un objetivo común. Muchas veces, el opuesto de la funcionalidad grupal se da ante el estancamiento en algunos roles de sus integrantes.

Es importante no sólo el esquema referencial consciente del grupo, debiendo la coordinación estar atenta a los demás componentes inconscientes y disociados que permanentemente entran en juego y que, cuando permanecen ocultos, bloquean y distorsionan a quienes conforman el grupo en cuestión. Esa específica y concreta lectura de lo latente tiene como criterio de verdad la operatividad, concebida como la producción planificada de cambios en relación al logro de los distintos objetivos grupales propuestos. Sabemos que el operador psicosocial no aspira a ser un mero observador de la realidad, sino un profesional capaz de transformarla dialécticamente. Interesa que la intervención sea adecuada en términos de operación.

En lo que respecta a coordinar distinguimos dos estares, conocidos como devenires de lo grupal: el estar molar y el molecular. En este último, la coordinación no se centra en la comprensión, sino esencialmente en la percepción de líneas y bocetos que van surgiendo en el proceso grupal. Son ellas las redes que luego construirán una singular malla de sentidos. En cambio, en el estar molar el acto de coordinar (el rol, la función) aparece más visible, como también los estilos y las técnicas empleadas. Así como en el estar molecular aparece una menor rostricidad del coordinador, en el estar molar éste hace cortes más visibles, interviene con una mayor carga de representatividad. Es decir, puede verse mejor cómo se coordina.

Cuando hablamos de estilos de coordinación hacemos referencia a los distintos modos, formas y maneras de hacerlo. Nótese que la expresión proviene del latín stilus: punzón con el cual los antiguos escribían en sus tablas enceradas. Por ende, tendremos estilos directos e indirectos, emotivos y valorativos, dialógicos y monológicos. Desde las áreas, encontraremos modos de coordinar más intelectualizados (que priorizan los aspectos cognitivos y racionales), más vivenciados (que destacan las estructuras afectivas) y más actuados (que enfatizan las estructuras de acción). Vemos estilos más protectores y otros más acompañantes; coordinaciones informadoras y otras formadoras de aptitudes.

Los aludidos estares y estilos de coordinación se entrecruzan permanentemente en los procesos grupales. Es la pericia del coordinador la que le permite instalarse de modo variable ante el grupo; por lo que estar debidamente pertrechados para esa aventura será lo esencial. El Psicólogo Social se hace responsable de las consecuencias de su intervención, entendiendo a ésta como un instrumento valioso en relación al ajuste de su estrategia. Ello entraña una ética de la responsabilidad. Nuestra praxis supone la búsqueda de una unidad entre el trabajo teórico y el práctico, como así también una idea de transformación y establecimiento de algo nuevo. Deconstruir, desestructurar, hacer temblar la estereotipia y la rigidez.

Digamos, por último, que existen dos modos de comprender la dinámica grupal. Uno que se le abre al coordinador en base a sus modelos referenciales conocidos, que lo erige en un artesano con sus técnicas y teorías aprendidas que le sirven de guía para su labor profesional. Pero hay otra forma de comprender, en la cual predominan las imágenes desordenadas. El sentimiento que suele acompañar es el miedo al vacío. Adviene una sensación de caos, por lo que bien puede definirse a esta situación como un verdadero estado creativo. El grupo navegará de lo confusional a islotes de comprensión. Del sinsentido inicial surgirá finalmente un aceptable y óptimo nivel de coherencia significativa… Y allí el misterio de esta apasionante tarea.