Dialéctica y Psicología Social

(Publicado en El Semejante – Año 6 Nro. 34 del mes de enero de 2007; en La Silla del Coordinador con fecha 13/7/2013; en el sitio web News Psicología con fecha 14/9/2013 y en 1968 Grupalista: Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 9/11/2014)

DIALECTICA Y PSICOLOGIA SOCIAL

Enrique Pichon-Rivière (1907-1977) se basamentó en una metodología dialéctica para dar a luz su Psicología Social Argentina -que en breve estará cumpliendo cincuenta (50) años de vigencia en nuestro país- entre numerosos conceptos de otras ciencias y técnicas. Siempre se caracterizó por su facilidad para recibir y forjar aquello que resulta útil, por lo que representa un verdadero maestro y modelo para cualquier Psicólogo Social; vale decir, para todo individuo apasionado por la búsqueda de la VERDAD. Ahora bien, ¿qué es la dialéctica? Dialektiké, del griego, es el arte de razonar, discutir y argumentar con discursos. Por ende, la dialéctica es el método filosófico que procura investigar y resolver las contradicciones del pensamiento y de la realidad histórica. Es la tendencia a investigar la verdad, aunque debemos recordar que lo verdadero va variando según las épocas y los tiempos.

Fue Heráclito el Oscuro (536-470 a.C.) uno de los más importantes filósofos griegos de la antigüedad que se ocupó de la dialéctica. Podemos citar algunos de sus aportes trascendentes: a) La noción de devenir: la ya famosa frase que sostiene que no podemos bañarnos dos veces en el mismo río. Todo pasa, todo fluye (pánta rheî), nada puede permanecer igual con el paso del tiempo. b) El concepto de unidad y lucha entre fuerzas contrarias: la lucha es una ley universal, por lo que todo lo que se opone se une, y todo lo que se separa está de acuerdo. c) El enfoque de la dialéctica como algo activo, modificador de la realidad: se refiere no solamente a la indagación de lo real, sino que va más allá pues apunta además a la modificación de lo existente (ver “Diccionario Crítico de Psicología Social”, de Leo Rambaut – Edición del autor del año 2002 – pág. 89).

Otro filósofo de la Grecia antigua, Sócrates (470-399 a.C.) denominó maiéutica (obstetricia) a su propio método dialéctico, en homenaje a Fenareta, su madre partera; es decir, hacía alusión al arte de parir la verdad. Su metodología fue siempre oral (pese a que algún mandatario argentino sea uno de los pocos que se ufanan en haber leído las obras completas de Sócrates); pretendía conseguir una definición universalmente válida, el hallazgo de un concepto universal. Tal modo de indagación servía para averiguar “la” verdad que, para los Psicólogos Sociales, no es otra cosa que ir en procura de una objetividad creciente respecto de cualquier situación concreta donde tengamos que operar. No obstante, hay quienes sostienen que el método socrático sólo es útil para buscar la verdad o episteme; o sea, es empleado únicamente para describir lo más fielmente posible aquello que se conoce como lo real.

En términos estrictamente psicosociales, podríamos agregar que la mayéutica hace referencia a uno de los dos requisitos de la adaptación activa a la realidad: a saber, el modificarnos y corregir nuestras verdades subjetivas para que se correspondan lo más que puedan con lo real. El otro recaudo básico de la citada adaptación activa, que desde ya Enrique Pichon-Rivière incluyó en su teoría, es la modificación dialéctica de dicho existente social, lo que nos conduce -como agentes del cambio planificado- a estar más cerca de las ideas de Heráclito y su arte del timonel. Nuestra disciplina científica habla de un sujeto productor y producido, no en una relación armónica con su entorno sino en un vínculo contradictorio: dinámico y mutuamente transformante con el mundo. Así, nuestro ECRO (esquema conceptual referencial operativo) se va ajustando paulatinamente a esa realidad social.

El implacable interjuego del hombre y el mundo implica su consecuente transformación (vincular y social). Esto conlleva de modo inexorable a entender la relación sujeto-mundo como permanente, conflictiva y de complejidad creciente. El ser humano es producto de sus circunstancias históricas, pero además tiene un carácter activo en la producción de dichas circunstancias. Por eso, más acá en el tiempo, nos encontramos con las metodologías de Georg Hegel (1770-1831) y de Karl Marx (1818-1883), apropiadas también por nuestra Psicología Social tanto en la representación del mundo como un proceso en movimiento espiralado, como en el desarrollo de los escalones inferiores a los superiores en sus momentos típicos: tesis, antítesis y síntesis. Nuestro método dialéctico permite así la producción del conocimiento de las leyes que rigen la naturaleza, la sociedad y el pensamiento: tres aspectos de lo real comprometidos en lo que denominamos HOMBRE EN SITUACION.

En las próximas entregas abordaremos las distintas leyes de la dialéctica específicamente aplicadas por nuestra disciplina científica, para adentrarnos después en las contradicciones que conducen a la producción de un saber. Concluimos ahora con un concepto tomado de Juan Carlos Volnovich, quien nos habla de la pasión por la alteridad, en referencia a esa particular condición de ser otro. La Psicología Social propone la aceptación de las diferencias. Pues, entonces, hagamos que la operatividad psicosocial se apoye de manera permanente en un verdadero oficio de alterizadores, esforzándonos siempre en refinar nuestra sensibilidad a las diferencias e incrementando la tolerancia a los otros, a todos y cada uno de nuestros semejantes. Tal vez el objetivo final de esta profesión sea simplemente hacer de lo psicosocial no sólo una corriente de pensamiento, sino además un estilo de vida y de acción... sencillamente un modo de ser.