Teoría de las Tres "D" en Psicología Social

(Publicado en El Semejante - Año 5 Nro. 31 de octubre de 2006; en La Silla del Coordinador con fecha 25/1/2013 y en 1968 Grupalista: Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 29/11/2014)

TEORIA DE LAS TRES “D” EN PSICOLOGÍA SOCIAL

Continuando con la temática sobre las tramas vinculares, tal como lo venimos haciendo en las últimas ediciones de este periódico El Semejante, podemos abordar ahora algunas consideraciones básicas acerca de la denominada Teoría de las Tres “D” en Psicología Social. Para comenzar, digamos que se trata de una herramienta o instrumento de análisis del fenómeno de la depositación (o transferencia), que se nos presenta en toda vinculación habida entre las personas. Recibe tal nombre, ya que enfoca de modo tripartito lo atinente a las relaciones vinculares, donde nos encontraremos con el depositante, el depositario y lo depositado.

En el ámbito de nuestra disciplina específica, para los Psicólogos Sociales el depositante puede ser tanto un individuo como un grupo (ej. la familia, los alumnos de un grado escolar, los socios de un club, los integrantes de una sociedad comercial, etc.). Recordemos una vez más que nuestra labor profesional se despliega en el terreno de lo psicosocial, lo sociodinámico y lo institucional. Del otro lado de la relación encontramos al depositario, es decir al otro u otros semejantes que componen las cotidianas tramas vinculares. Y lo depositado -la cosa en sí depositada o transferida- será uno de los tantos contenidos relativos al mundo psi con los que solemos operar.

Algunos de esos contenidos, que ilustramos a continuación de modo meramente ejemplificativo, son los siguientes: a) los deseos, tanto conscientes como inconscientes; b) los afectos o sentimientos, sean amorosos u hostiles, de certeza o de inseguridad e incertidumbre; c) ciertas pautas de comportamiento personal o grupal; d) las fantasías manifiestas y los fantasmas (inconscientes); e) las ansiedades, las tensiones y los conflictos, provengan del mundo exterior o del mundo interno del individuo; f) las angustias, tan habituales en los tiempos que corren; g) los pensamientos, las emociones y sus consecuentes proyecciones, entre otras.

Muchas veces los operadores psicosociales debemos desempeñarnos frente a los integrantes de un grupo determinado -con el cual se está trabajando- asumiendo la función o el rol del buen depositario, haciéndonos así operativamente capaces de cuidar y atender cualquier situación -buena o mala- que se deposita sobre nosotros. En nuestra actividad es frecuente hablar de asunción y adjudicación de roles. Así, cuando una persona o un grupo intentan asignar o transferir a otro individuo un comportamiento o rol prefijado, el destinatario puede aceptarlo o rechazarlo. Si el depositario lo acepta sostenemos que se produjo el encaje, que sucede cuando lo asumido por un integrante coincide con ese aspecto adjudicado por el grupo.

Aunque no sólo de cuestiones agradables se trata nuestra labor, pues adviértase que el diccionario no indica únicamente que depositar es confiar a otro alguna cosa (buena o mala, tierna u hostil); sino que también hace referencia a otro significado puntual: colocar un cadáver en un lugar adecuado hasta que se le dé sepultura... ¡Significante definición! ¿O acaso el animal humano no proyecta sus costados peligrosos y agresivos, los que habitualmente conllevan a la segregación del depositario? ¿Los grupos no suelen rechazar al integrante distinto o al diferente? ¿Lo fraterno no será en ocasiones también la unión de algunos en detrimento de los que no pertenecen a la hermandad?

Vemos, entonces, que esta Teoría de las Tres “D” se interrelaciona con el concepto de transferencia, proveniente del psicoanálisis y de la psicología individual. Originalmente, la transferencia significó la reactivación en el presente de deseos inconscientes reprimidos en la infancia de un sujeto, los que son actualizados particular y singularmente sobre la persona del analista y del psicólogo. Se dice que se produce así una falsa conexión, un falso enlace. Pero esta significación tan restringida, se fue ampliando gradualmente a otros fenómenos que suceden fuera de la sesión psicoanalítica. En Psicología Social, esta temática está emparentada con la llamada telé, tanto positiva como negativa.

Enrique Pichon-Rivière enseñó que la transferencia (y la contratransferencia o transferencia recíproca) son fenómenos permanentes y habituales en la interacción del sujeto con su medio. Fue precisamente él quien los vinculó con la adjudicación de roles, con la recién señalada telé y con el intento -siempre inútil- de pretender solucionar dilemas mediante conductas estereotipadas. En el campo grupal nos encontramos, en consecuencia, con depositaciones o transferencias múltiples, emergiendo las fantasías transferenciales tanto respecto de los integrantes de un grupo concreto, como en relación a su tarea específica y al contexto en el que se despliega la operatoria grupal.

Otro conocido autor, Ezriel, sostuvo también que la situación transferencial no era única y específica de la relación terapéutica psicológica o psicoanalítica, pues se trata de un proceso de depositación de roles inscriptos en el mundo interno de cada sujeto.Todo encuentro es un reencuentro es una típica expresión pichoniana, que hace referencia a las variadas resonancias que se despiertan en lo inconsciente del individuo que se contacta por primera vez con otra persona, y que son debidas a las asociaciones con algún personaje que previamente existía en su subjetividad. Y precisamente ese reencuentro será el responsable de la telé positiva o negativa.

Como podemos ver, las nociones de vínculo y de rol son dos términos fundamentales que se entremezclan en nuestra Psicología Social Argentina. El operador psicosocial debe estudiar la estructura de los vínculos como así también los diferentes roles -que se depositan, se transfieren, se adjudican y se asumen- en las situaciones grupales en particular. En la idea de trama vincular se incluye el rol. Los Psicólogos Sociales procuraremos ser ARTIFICIEROS en el ejercicio de nuestra profesión, al decir de Michel Foucault; o sea, intentando fabricar algo que sirva para el más armónico funcionamiento de los grupos como así de todos y cada uno de sus integrantes.