Psicología Social y Tramas Vinculares

(Publicado en El Semejante - Año 5 Nro. 29 de agosto de 2006 y en La Silla del Coordinador con fecha 21/1/2014)

PSICOLOGIA SOCIAL Y TRAMAS VINCULARES

El Psicólogo Social es un profesional especializado en las tramas vinculares, en tanto desarrolla y despliega su intervención en los grupos, en las organizaciones y en la comunidad en general. Consecuentemente, la Psicología Social es la disciplina científica que da cuenta de la interacción entre las personas, como así también opera siempre considerando el implacable interjuego del hombre y el mundo. La noción de vínculo (atadura, unión) es la unidad mínima de análisis de nuestra ciencia, siendo el individuo el anudamiento singular de complejas tramas de relaciones, que van desde el primer vínculo con la madre hasta las condiciones institucionales, políticas y socio-históricas propias de lo humano.

Enrique Pichon-Rivière definió al vínculo como una estructura compleja que incluye un sujeto, un objeto (en el especial significado que le da la Psicología) y su mutua interrelación con procesos de comunicación y aprendizaje. Todo encuentro es un reencuentro. Cabe recordar que, cuando nuestro maestro de la Psicología Social comenzó a trabajar como psiquiatra en el viejo Hospicio de las Mercedes -hace ya setenta (70) años- se enfrentó con la problemática del enfermo abandonado. Los internados sufrían de abandonismo. Rápidamente logró visualizar la red vincular; aquello que había de tejido social en esa institución y, de tal modo, pudo diagnosticar las fisuras, las tramas vinculares fracturadas.

En el campo de la teoría, se advierte que la dimensión de lo vincular no es abordada por la Sociología (que se ocupa de los fenómenos sociales macro) ni por la Psicología (enfocada hacia los fenómenos psi de sujetos singulares) ni por la Antropología (que se direcciona hacia subjetividades y cultura). Aquí comienza a gestarse una nueva disciplina, un nuevo territorio del saber dentro de las Ciencias del Hombre: la Psicología Social. El pasaje hacia la Psicología Social fue posible a través de la formulación del concepto de vínculo, de trama vincular, convertido precisamente en instrumento de análisis de las múltiples y variadas formas de relación entre la estructura de la personalidad y la estructura social.

Desde esta perspectiva, podemos sostener que no hay individuos como unos; es decir, aislados y recortados. Siempre estamos en presencia de seres entramados, de estructuras vinculares. Todo sujeto singular es una unidad de lo múltiple. Yo es otro, decía el poeta francés Arturo Rimbaud; y Fernando Pessoa completaba la idea al expresar que en la vida podemos ser cualquier cosa, todo menos eso que no somos. La Psicología Social entiende al hombre como configurándose en una praxis, en una actividad transformadora y en una relación dialéctica mutuamente modificante con el mundo. El campo de acción de nuestro ECRO (esquema conceptual referencial y operativo) son esencialmente las tramas vinculares.

El núcleo central de nuestra disciplina está basamentado en la idea de un sujeto social, concebido en función de la presencia ineludible del otro y del vínculo, permanente en el horizonte de toda experiencia humana. Cualquier sociedad está conformada como una red vincular cuyas lógicas contradictorias de intercambio son específicas de esa comunidad y no de otra. Y el operador psicosocial debe poseer una conciencia crítica para reconocer nuevas necesidades, tanto propias como de la comunidad a la que se pertenece; conocimiento que irá acompañado de la estructuración de vínculos que permitan resolver concretamente dichas necesidades. La necesidad es el motor de toda relación.

La subjetividad es al mismo tiempo singular y emergente de las tramas vinculares que la trascienden, con las que el ser humano guarda una relación de sujeto productor y producido. En el proceso de socialización humana hay un instrumento privilegiado, que es el lenguaje. Y todo lenguaje, desde ya, está sostenido por un vínculo, pues la palabra forma parte de una acción comunitaria. Entendemos que la constitución de la subjetividad, del mundo interno de cualquier sujeto, se da en tres etapas o instancias sucesivas: 1ra.) Real: falta de representación (etapa autoerótica); 2da.) Real–Imaginario: estadio del espejo (narcisismo primario); y 3ra.) Real– Imaginario–Simbólico: entrada en funcionamiento de la palabra, del lenguaje, de(l) hablar.

Desde otro ángulo visual, decimos además que el concepto de vínculo es bifronte: una faz corresponde a los intercambios intersubjetivos que se realizan entre los sujetos sociales en la vida cotidiana; y la otra es estrictamente subjetiva, pues corresponde a los pensamientos y diálogos llevados a cabo en la propia intimidad del individuo (grupo externogrupo interno, en términos pichonianos). En el vínculo tenemos dos campos psicológicos bien delimitados: un campo externo y otro interno. Vínculo externo es el vínculo real, el del mundo exterior. Cuando ese vínculo es internalizado, introyectado, pasa entonces a configurar el vínculo interno de una persona singular.

La dimensión psicosocial posibilita a los profesionales de esta ciencia, en su condición de agentes del cambio planificado, a diagnosticar las fracturas vinculares y, en consecuencia, diseñar estrategias y operaciones que permitan la rearticulación de esas fisuras, es decir, su restablecimiento vincular. Ello sin perder de vista que, como todas las teorías, la Psicología Social implica siempre un recorte epistemológico de la realidad. Y así, pues, mientras otorga visibilidad a determinadas problemáticas del Hombre, a la vez invisibiliza otras; por lo que nuestro saber no podrá ser más que fragmentario, circunstancial y efímero. Ello es lo que evita que nuestra disciplina pueda llegar a convertirse en una religión o en un mero dogma.