Psicología Social y Solidaridad

(Publicado en El Semejante - Año 5 Nro. 25 de abril de 2006)

PSICOLOGIA SOCIAL Y SOLIDARIDAD

Entiendo que la Psicología Social es la disciplina científica privilegiada para operar ante el cotidiano desafío de fomentar y construir una nueva cultura solidaria. Los Psicólogos Sociales bien podemos contribuir a la creación de una Cultura de la Solidaridad para el Cambio Social, pues trabajamos en redes comunitarias con acciones innovadoras, empleando una táctica, una estrategia, una técnica y una logística aptas para tales fines. No obstante ello, sabemos que la idea de solidaridad se encuentra harto explotada y poco explorada.

La noción de lo solidario se refiere siempre a un otro; algo así como una empresa o causa común, una comunidad de intereses y responsabilidades. Cecilia Dockendorff hace referencia a un aumento del concepto de nosotros (“Solidaridad: la Construcción Social de un Anhelo” – 1993). La solidaridad se emparenta con el genuino interés por otras personas, con la idea de ayuda, de cooperación, de complementariedad. Muchos nos enrolamos en la creencia de que no hay solidaridad sino práctica solidaria. Algo así como que la solidaridad se hace.

Los profesionales de la Psicología Social también podemos hablar de solidar, es decir, afirmar algo con sólidas razones...o consolidar. ¿Acaso no se podrá solidar lo solidario? O incluso nos animamos a decir solidificar, haciendo así alusión al natural pasaje de un estado a otro. Siguiendo con este juego de palabras, más de una vez me he interrogado si entre lo solidario y lo solitario no habrá alguna clave para pensar lo atinente a nuestro campo de acción, el de los Psicólogos Sociales como agentes del cambio planificado.

Cabe aquí destacar que, como operadores psicosociales, empleamos técnicas de adaptación activa a la realidad para: a) en primer lugar, modificarnos nosotros mismos dialécticamente; y b) recién luego, comenzar a operar sobre dicha realidad puntual y concreta con el propósito de cambiarla o modificarla. El Psicólogo Social es un CO-PENSOR, un colaborador para la estructuración de dispositivos analizadores colectivos, a través de los cuales un grupo procesa sus contradicciones, desoculta y supera lo ilusorio.

Pero no debemos perder de vista que los profesionales de la Psicología Social formamos parte de ese grupo con el que trabajamos; lo integramos. Y como no pretendemos ni educar, ni curar ni gobernar, aflora así el concepto de enseñaje creado por Pichon-Rivière para indicar que el enseñar y el aprender se encuentran relacionados dialécticamente, funcionando como una alternancia de opuestos. Es por eso que, si es verdad que la solidaridad se va haciendo, tendremos que alfabetizar-nos para lo solidario, siendo nuestra gran tarea educar-nos informando y formando habilidades sociales.

La tensión solidario / solitario habita fuertemente dentro de mí y, como operador psicosocial, podré trabajar para el cambio sólo al cambiar-me, para educar al educar-me, para co-pensar con otros al co-pensarme, haciéndolo con todos aquellos personajes que me habitan, con todos los “yoes” que “yoan” en mi mundo interno, tal como poéticamente describiera Oliverio Girondo. Si el arte de la solidaridad se domina con su cotidiano ejercicio, tal vez entonces estemos simplemente ante una potra salvaje a la que se debe montar.