Solidaridad y Copensamiento

(Publicado en Campo Grupal – Año 8 Nro. 76 de marzo de 2006)

SOLIDARIDAD Y COPENSAMIENTO

Hace poco tiempo, allá por el mes de septiembre del año pasado, me preguntaba yo en una nota publicada por Campo Grupal (conforme una idea que tomé prestada de Denise Najmanovich), si en la tensión entre lo solitario y lo solidario no estaría alguna clave para pensar lo atinente a la Psicología Social, a los psicólogos sociales como agentes del cambio planificado. Ahora, mientras leía la última edición de este periódico (Nro. 75 de febrero de 2006) tuve la siguiente sensación: el artículo sobre Psicología Social y Construcción de Solidaridad, de Carina Berdasco y Rodrigo Lema, era claramente re-significado a partir de la experiencia vivida en la cátedra de Psicoterapia II de la U.N.L.P. por quienes narran su pasaje de docentes a co-pensoras.

Desde ya comparto plenamente las ideas vertidas en ambas notas, como así también creo que la Psicología Social es precisamente la disciplina científica privilegiada para el desafío de la construcción de una nueva cultura solidaria. Los psicólogos sociales operamos en redes comunitarias con acciones innovadoras, siendo nuestra metodología de trabajo bien parecida al registro testimonial relatado por Julieta Veloz y Selva Hurtado Atienza (ver págs. 7 a 9). Como operadores psicosociales empleamos técnicas de adaptación activa a la realidad para: 1) en primer término, modificarnos nosotros mismos dialécticamente; y 2) recién luego, comenzar a operar sobre dicha realidad puntual con el propósito de cambiarla o modificarla.

Como co-pensor (co-pensar con otros), el psicólogo social es un colaborador para la estructuración de dispositivos analizadores colectivos a través de los cuales un grupo -que obviamente integra dicho profesional- procesa sus contradicciones, desoculta lo subyacente (denunciando y superando lo ilusorio) y programa las acciones concretas para esa marcha, permanentemente inacabada, de redefinición de las necesidades, entre las cuales podemos mencionar la aludida construcción de solidaridad. También sabemos que los profesionales de la Psicología Social no educamos, ni curamos ni gobernamos. Por eso, es importante hablar de alfabetizar-nos para la solidaridad, siendo la gran tarea educar-nos no solamente informando sino formando habilidades sociales.

Formador y formado no debe implicar necesariamente una relación distante de entrega de un saber del psicólogo social a un otro, sino que aquí sostenemos el concepto de enseñaje creado por Enrique Pichon-Rivière para indicar que el enseñar y el aprender están dialécticamente relacionados y funcionan como una alternancia de opuestos. En el artículo que cito (Producción de un Registro Testimonial en la Facultad) está muy bien descripto el pasaje vivencial de docentes a co-pensoras, compartiendo con los alumnos desde un lugar no tan distante, menos asimétrico. Pues así la situación grupal pudo modificarse de modo sustancial al realizar las docentes un acto de nominación desde sus propias conmociones subjetivas.

Para finalizar, recordaba algo que invadió mi mundo interno cuando apareció, hace unos años atrás, aquel conocido e histórico “Que se vayan todos”. Sentía yo que algo faltaba para completar esa consigna tan clara y contundente, hasta que logré dar con la idea del “Que se vaya-mos todos”, pues advertí que adentro mío también habían -y los hay- personajes o aspectos que también se deben ir. La tensión solidario/solitario habita fuertemente dentro mío, y como psicólogo social podré trabajar para el cambio al cambiar-me, para alfabetizar al alfabetizar-me, para co-pensar con otros al co-pensarme con aquellos que me habitan, con los “yoes” que me “yoan” que alguna vez tan bien describió el poeta y escritor argentino Oliverio Girondo.