Psicología Social y Miedos Básicos

(Publicado en El Semejante - Año 5 Nro. 23 de febrero de 2006; en La Silla del Coordinador con fecha 17/7/2014 y en 1968 Grupalista: Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 29/4/2015)

PSICOLOGIA SOCIAL Y MIEDOS BASICOS

En las últimas ediciones del año pasado (ver Nros. 21 y 22 de El Semejante) comenzamos a tratar la temática relacionada con los Psicólogos Sociales como agentes de cambio. Decíamos entonces que nuestro campo de acción es el de los miedos o ansiedades básicas, que son inherentes al ser humano pero que, usualmente, se encuentran sobredimensionados o abultados por la sociedad en la cual estamos insertos. No hay malestar fuera de una cultura dada. Nuestra tarea profesional consistirá en procurar esclarecer su origen y el carácter irracional de esos temores, los que en última instancia pueden ser reducidos a dos: el miedo a la pérdida y el miedo al ataque.

Enrique Pichon-Rivière y Ana Pampliega de Quiroga afirman que la tarea del Psicólogo Social es trabajar con los referidos miedos, que crean la incertidumbre y la inseguridad social que son comunes a todos los individuos (ver "Psicología de la Vida Cotidiana" – Ediciones Nueva Visión de marzo de 1998). Estas dos ansiedades básicas surgen en la situación de conflicto con la percepción de la hostilidad propia y la ajena. Para el Psicólogo Social habrá que dejar los miedos de lado para operar desde la fisura, construyendo las estrategias tendientes a tales fines. Es sabido que con los miedos no se puede pactar: o los vencemos o nos vencen.

El miedo a la pérdida se manifiesta en las circunstancias de cambio, al abandonar el sujeto lo conocido. Es el sentimiento de quedarse sin lo que se posee, el temor a la pérdida de nuestra estructuración ya lograda. Algo así como la ansiedad ante la pérdida de un status determinado. Por su parte, el miedo al ataque se manifiesta como temor hacia lo desconocido, la ansiedad ante una nueva situación a estructurar. Es el temor al ataque frente a las nuevas condiciones de vida del sujeto. Muchas veces la persona siente que pasa de la omnipotencia a la impotencia, siendo la labor del Psicólogo Social propiciar la capitalización de la propia potencia.

El miedo a la pérdida (ansiedad depresiva, en términos de Melanie Klein) y el miedo al ataque (también ansiedad persecutoria) están presentes en las situaciones de cambio, tales como divorcios, separaciones, mudanzas, desempleo, violencia familiar, duelos, enfermedades, vejez, síndrome del nido vacío, inicio de nuevos estudios, etc. Aparecen y se instalan en nuestro mundo interno cuando no nos sentimos instrumentados ni creemos poseer los medios suficientes para hacerles frente. Ambos temores producen lo que en esta profesión conocemos como resistencia al cambio o reacción correctora negativa. Veámoslo más claro en el siguiente esquema:

Miedo al Cambio = miedos a la pérdida y al ataque
Resistencia al Cambio = reacción correctora negativa

En el acontecer grupal con el que trabaja el profesional de la Psicología Social, generalmente cuando uno de los miedos básicos aparece manifiesto o explícito, el otro queda latente o implícito. Hay un interjuego permanente entre el temor a la pérdida de lo ya conocido (lo viejo) y el temor al ataque de lo que puede venir (lo nuevo). Ambas ansiedades son universales esenciales de toda tarea grupal, es decir, de nuestro oficio como operadores sociales eficaces o agentes del cambio planificado. La cuestión no consiste en no tener miedos, sino en trabajar para superarlos mediante otros paradigmas que apunten a nuevas formas de pensar, sentir y hacer.

El pasaje de lo viejo (o lo conocido) a lo nuevo (o lo no conocido) -que se repite de modo constante en cada sujeto- es precisamente lo esencial del cambio. Todo lo viejo alguna vez fue nuevo, como así también el destino de lo nuevo es convertirse en viejo. Todo cambio significa, en un primer momento, la dispersión de nuestros roles sociales. En Psicología Social, nos encontramos con grupos y personas que podríamos denominar conservadoras, donde lo viejo suele ser siempre lo bueno y deseable. Y también los hay de características pseudo-revolucionarias, donde a la vez se suele sacralizar y venerar solamente lo nuevo.

Nuestro maestro, Enrique Pichon-Rivière hacía referencia a que el ser humano está moldeado como una estructura formada por elementos interdependientes, de modo tal que la eventual modificación de uno cualquiera de esos elementos afecta a todos los demás. El todo es más que la simple suma de sus partes constitutivas. Al incorporar el devenir como dimensión temporal, abordando al individuo en sus condiciones concretas de existencia, se perfecciona así la idea que sostiene que el hombre en situación sartreano es una estructura estructurándose, una figura configurándose continuamente, una totalidad totalizante.

Los miedos y las ansiedades básicas nos hacen sentir vulnerables, sin los medios o herramientas necesarias para afrontar esa nueva realidad que se nos presenta. Tal vez una de las tareas profesionales del Psicólogo Social consista en poder trocar “miedos” por “medios”, utilizando para ello los instrumentos de nuestro esquema conceptual referencial operativo (ECRO pichoniano). Sabemos, además, que los miedos pueden ser paralizantes pero también lo son estimulantes. Hay miedos que ayudan al grupo a reconocer el deseo, por lo que solemos decir que el deseo es compañero del miedo, del temor y de la ansiedad.

Si partimos del concepto de que todo deseo lo es de dificultad, de intranquilidad, pues como agentes de cambio y operadores sociales podremos ayudar a las personas y a los grupos a convertir esos temores básicos universales (a la pérdida de lo viejo conocido y al ataque de lo nuevo por conocer) en simples miedos o ansiedades estimulantes, dejando atrás toda paralización de las potencialidades del ser humano. Las situaciones de crisis y de cambios son constantes específicas de nuestra disciplina científica: la Psicología Social. Ante la resistencia al cambio ofrezcamos un PROYECTO superador e innovador a nuestros consultantes.