Psicología Social y Judicialización

(Publicado en El Semejante - Año 4 Nro. 19 de septiembre de 2005 y en A.P.S.R.A. - Asuntos Legales con fecha 19/9/2016)

PSICOLOGIA SOCIAL Y JUDICIALIZACION

Decíamos en una anterior edición de El Semejante (ver el Nro. 17 del mes de julio del año en curso) que los Psicólogos Sociales -además de las difíciles condiciones de ejercicio profesional que actualmente vivimos- venimos padeciendo una intensa campaña de desprestigio en los últimos tiempos. Así, existen hoy grupos y sectores que pretenden impedirnos el normal ejercicio de nuestro trabajo, denunciando judicialmente a colegas de conocida trayectoria como es el caso puntual de la directora de la Escuela de Psicología Social de la Plata, entre otros.

Recientemente se ha formado un grupo interdisciplinario cuyo propósito es respaldar solidariamente a los Psicólogos Sociales víctimas de la judicialización, acusados por fomentar la enseñanza de esta disciplina científica como así también por ejercer este oficio, que tanto se emparenta con la asistencia y la ayuda a los más necesitados. La información relativa al aludido comité de defensa se encuentra suficientemente difundida y circulando por Internet; ello para quienes quieran enterarse o participar de sus actividades.

Cabe recordar, haciendo un poco de historia, que la Psicología Social Argentina fue fundada por el Doctor Enrique Pichon-Rivière (1907-1977) hace ya más de cincuenta años, logrando amplia difusión no sólo en nuestro país sino también en Uruguay, Brasil, Colombia, México y España. En el siglo pasado decía Sigmund Freud que la Psicología individual era al mismo tiempo y desde el principio Psicología Social; por lo que, siguiendo esa línea de pensamiento, los Psicólogos Sociales sostenemos que el ser humano se enferma en grupo y debe ser curado en grupo.

Desde hace un tiempo vengo expresando que, ante los variados modos que atentan contra la práctica regular y digna de esta profesión, se torna imperativo aunar nuestros conocimientos y esfuerzos con el objetivo de fortalecer a la institución del colectivo social que en la actualidad nos agrupa: la Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina (A.P.S.R.A.). Recordemos que en 1986 un grupo de Psicólogos Sociales comenzó a reunirse con la firme intención de fundar una asociación que los representara, objetivo que se concretó a mediados del año siguiente.

Así, en el mes de junio de 1987 comenzó su tarea A.P.S.R.A., redactándose sus Estatutos, el ante-proyecto del Código de Etica profesional, las normas de organización y procedimiento del Tribunal de Etica y Disciplina; plexo normativo pensado y elaborado por los colegas que nos antecedieron y que tienen hoy plena vigencia en el ámbito de la Psicología Social. Dicho cuerpo legal contempla tanto nuestros deberes para con la comunidad y el orden institucional, como también las obligaciones inherentes al ejercicio profesional en sí, los deberes esenciales entre colegas, y la lealtad y diligencia para con nuestros consultantes.

Insisto una vez más en que todos y cada uno de los Psicólogos Sociales deberíamos unir esfuerzos para defender la dignidad de nuestra profesión, la independencia de esta disciplina científica, el respeto a nuestras incumbencias profesionales, y toda tarea que nos asegure la libertad e igualdad de oportunidades y proteja los derechos de esta comprometida actividad. Y a la vez pregunto: ¿acaso la precitada temática es tratada en las distintas Escuelas de Psicología Social que funcionan en el país? ¿Saben los estudiantes y egresados de las referidas entidades acerca de la existencia y funciones de la asociación que agrupa al colectivo de los Psicólogos Sociales desde hace ya casi dos décadas?

Para concluir, y más allá del conquistado reconocimiento oficial de la Psicología Social Argentina, sigo interrogándome una y otra vez acerca de la curiosa y paradojal situación de ser profesionales en la operación con “grupos” e “instituciones” y, no obstante ello, no estar muchos de los Psicólogos Sociales “agrupados en una institución” (cuanto más fuerte y representativa mejor) que pueda, además de otros fines, contrarrestar los ataques a nuestra digna actividad. Entiendo que, de tal modo, sería mucho más difícil que pudieren prosperar aquellas viejas y oscuras tradiciones en que se inscribe la persecución a los profesionales de la Psicología Social.