Aspectos Vinculares en Psicología Social

(Publicado en El Semejante - Año 4 Nro. 15 de abril de 2005 y en A.P.S.R.A. - Asuntos Legales con fecha 7/9/2016)

ASPECTOS VINCULARES EN PSICOLOGIA SOCIAL

Sabemos que encuadrar una relación profesional es otorgarle una legalidad simbólica, debiendo estar el vínculo entre el Psicólogo Social y su cliente a resguardo de toda política emocional o afectiva, dado que lo que se debe recibir del que sabe no es ni más ni menos que el saber. Sigmund Freud situó a este tipo de relaciones -entre el profesional y su consultante- más allá del modelo habitual de toda intersubjetividad, en tanto ésta tiende a desplegarse predominantemente en un registro dual-especular.

Por ello el vínculo con un Psicólogo Social no debe ser ni simétrico ni especular, sino que debe estar configurado por un ordenamiento jerárquico basado en lugares diferenciales que se distinguen, precisamente, en función de algún saber determinado. Los afectos, que siempre se demandan, si hegemonizan la consulta, no hacen sino a la pérdida de neutralidad perturbando la necesaria distancia objetiva (distancia óptima para operar entendida en nuestro ámbito como actitud y aptitud psicosocial).

Si bien debemos reconocer las transferencias emocionales inconscientes que se generan inevitablemente en toda relación humana, es imprescindible que el Psicólogo Social las despeje o, de lo contrario, no hará sino bastardear la dignidad de los emblemas profesionales. Si el campo profesional se ve invadido por esos deseos transferenciales, la eficacia del servicio profesional brindado se resentirá inevitablemente y los resultados no serán los más convenientes.

La ética profesional se sostiene sobre la oferta de un saber sólido y consistente a cambio de un honorario. Esta actitud supone el mantenimiento de la buena distancia simbólica dentro del encuadre que nuestra práctica requiere para su adecuada concreción. Obviamente, las demandas de amor son latentes y habitualmente se insinúan por “debajo” de lo manifiestamente pedido o explicitado. Más allá de los estilos personales de cada Psicólogo Social, de lo que se trata siempre es de preservar un estricto intercambio significante.

Entendemos, entonces, que el trabajo profesional del Psicólogo Social debe sostenerse sobre el trasfondo de una tenue transferencia positiva sublimada -inevitable en todo vínculo- la que debe ser percibida con cierta claridad al operar en nuestro campo específico; es decir, concientizarla para así no actuarla. Toda transferencia no despejada suele perturbar la actividad concreta y puntual del profesional en Psicología Social, distorsionando la pertinencia en nuestra tarea.

Quien brinda un servicio profesional debe poseer los suficientes conocimientos que le posibiliten ocupar con holgura el lugar del saber. No obstante ello, la humildad supone la resignación de fuertes fantasías de omnipotencia, configurando un valor relevante en la práctica profesional. De allí la importancia de la supervisión en el campo de la Psicología Social. Y además, aceptar que otro colega puede resolver lo que a nosotros se nos escapa supone una conducta de integridad ética, a la vez que se evitan perjuicios a los consultantes.

Para finalizar, subrayemos que las relaciones profesionales que comienzan y se desarrollan sobre el trasfondo de una confusión de lugares, concluyen desvirtuando finalmente los objetivos que se proponen. Por eso es tan importante sostener el encuadre o dispositivo profesional, dado que éste garantiza la posibilidad de un adecuado despliegue de nuestra práctica especializada. Claro está que no se trata de crear un encuadre meramente formal, sino de consolidar las condiciones de un verdadero encuentro (... o reencuentro) que posibilite la circulación y transmisión de un saber. En síntesis: ello hace a la transparencia del vínculo.

Por este camino, continuamos apostando por una Psicología Social que exija para sí aquello que le pertenece y que la legitime -en el campo propio de los fenómenos psicosociales y de los fundamentos de su especificidad- para consolidar así nuestra práctica cotidiana tanto como disciplina y como profesión autónoma e independiente.