Operando en un Centro de Jubilados

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar - Año 7 Nro. 66 de octubre de 2014)

OPERANDO EN UN CENTRO DE JUBILADOS

Las psicólogas sociales Noelia Straface, Dina Silvero y Silvia Alvarito se encuentran actualmente trabajando en el centro de jubilados Amigos de la 18 de Julio, ubicado en el municipio bonaerense de Hurlingham. El pasado 21 de junio de 2014 presentaron su experiencia en el IV Congreso de Psicología Social, que se llevó a cabo en el teatro Metropolitan de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y obtuvieron uno de los premios ECRO otorgados en dicho evento. Es este otro espacio en donde podemos intervenir los operadores psicosociales, por lo que a continuación haremos una síntesis de la  labor desplegada con un claro objetivo: el propósito de mejorar las condiciones de vida de esta comunidad, haciéndola artífice de sus propios cambios.

La intervención de toda actividad grupal centrada en la tarea es un proceso creador en que algo nuevo se produce cuando cada integrante del grupo puede, en el vínculo con los otros, recuperar su protagonismo. En el caso puntual que aquí se trata, la idea es fortalecer el presente de estos adultos mayores con proyectos nuevos, ocupando su cotidianidad con diversos emprendimientos, abriendo un espacio y un tiempo para la  mejor interacción y vinculación de los integrantes entre sí, proponiéndoles tareas  recreativas y lúdicas, etc. Esta modalidad de trabajo propende al desarrollo personal y colectivo de los miembros, además de ser una invitación a convivir en un ambiente que facilita la intimidad y garantiza la privacidad del acontecer colectivo.

Una de las características de este grupo es que prácticamente no hay conflictos entre sus miembros, pues consideran que bastante ya tienen en sus vidas cotidianas: vgr: hijos que no los visitan, dificultades económicas, enfermedades y achaques en su salud, etc. Entienden que este es un ámbito que les pertenece y lo utilizan —como ellos mismos dicen— para la reflexión, la diversión y la contención. Así, tienen sus respectivos números de teléfonos y se mantienen siempre comunicados. Si alguno de los integrantes no está pasando un buen momento, recibe el cálido apoyo de sus compañeros no sólo durante las reuniones habidas en el centro de jubilados sino también durante la semana y por fuera de dicho encuadre prefijado.

Pichon-Rivière decía que la muerte está tan lejos como grande es la esperanza que construimos. Y precisamente estos abuelos se hallan en esa labor pues, encuentro tras encuentro, interactúan y se divierten con las distintas propuestas psicosociales que sus coordinadoras les ofrecen. Con varias técnicas psicodramáticas y propias de los grupos operativos participan —sentados en círculo— de los llamados habladeros en los cuales recuerdan los viejos tiempos, además de charlar sobre la actualidad que les toca vivir. Crean talleres literarios y obras de teatro espontáneo, cuentan cuentos, se disfrazan y bailan con total júbilo y desparpajo. Intercambian sus roles, realizan risoterapia y con técnicas de comunicación juegan al bingo musical o al teléfono descompuesto.

Si hoy en día la vejez está desvalorizada y nuestros ancianos son marginados, cabe aquí señalar que este espacio en el centro de jubilados va en una dirección bien distinta. Los integrantes del grupo logran desplegar su propio potencial a medida que las reuniones se suceden y, con una lógica de ensamblaje, todos se fortalecen mutuamente para así  compartir la capacidad de afectarse desde sus respectivas vivencias. La operatividad psicosocial permite crear y experimentar modos nuevos de vincularse y de concebir lo comunitario. Esa energía común de la que hablamos no es otra que la de pensar, sentir y actuar de una forma renovada; generadora de disfrute, alegría y bienestar con su inevitable efecto multiplicador esparcido hacia todos los participantes.

Completando esta breve exposición, digamos que el texto ganador del mencionado  premio ECRO alude también al concepto de vejez y su historia, esa última etapa de los seres vivos antes de producirse su deceso y que es una consecuencia del paso del tiempo. Nuestra cultura suele eludir –e incluso negar— el tema del fallecimiento, de la finitud; cuando es conocido el dicho que expresa: “padres que no le tienen miedo a la muerte forman hijos que no le temen a la vida”. Alfredo Moffatt, en tono de humor, considera que los humanos pertenecemos a la tribu de los Uterumbas, pues nuestro destino no es otro que ir del útero a la tumba. De allí la importancia de abordar nuestro envejecimiento con una mirada desde y hacia la salud.

Así sucede en este espacio social, pues todos los integrantes —incluyendo a las tres coordinadoras— apuestan a la vida y se ven impulsados a una mayor espontaneidad y flexibilidad, vinculándose de un modo más estrecho con sus emociones y sentimientos. Cada reunión es una invitación a la horizontalidad colectiva, para arribar a un contacto de persona a persona más intenso y más real. Se propaga la capacidad de expresión, de escucha, de intimidad y de relacionarse con los otros. Los psicólogos sociales fuimos formados trabajando en grupos y sabemos muy bien lo que significa esperar con ansias la próxima reunión, como así también llevarnos adentro nuestro la felicidad grupal al finalizar cada encuentro. ¡Eso es lo que sienten estos adultos mayores!