El Psicólogo Social Mediador (Parte III)

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar — Año 6 Nro. 60 de abril de 2014; en La Silla del Coordinador con fecha 4/6/2014 y en 1968 Grupalista: Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 25/10/2014)

EL PSICOLOGO SOCIAL MEDIADOR (Parte III)

Para concluir con esta serie de breves textos sobre el accionar del psicólogo social mediador, haremos ahora alusión al denominado principio de confidencialidad que debe regir ante cualquier conflicto que surja entre los miembros de un grupo. Digamos que confidencial es aquello que se hace o se dice con cierta seguridad recíproca entre dos o más personas; algo así como una confianza íntima y estrecha que permite ver al operador psicosocial como una persona de confianza: es decir, aquel que posee las cualidades necesarias y recomendables para la función a su cargo.

En términos de nuestra psicología social, solemos hablar de tres reglas básicas que son aplicables al quehacer operativo específico de un coordinador; y éstas son la discreción, la abstinencia y la restitución. Se trata de que el grupo en cuestión pueda simplemente confiar (del latín, confidare o depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe que de él se tiene, un secreto, una opinión u otra cosa similar). Nos referimos a algo tan sencillo —y a la vez difícil de lograr— como es poder pensar, sentir y hacer confiadamente dentro del acaecer colectivo.

Ello implica que no se puede revelar públicamente nada de lo sucedido dentro del grupo, salvo expreso pedido o autorización de los interesados. La discreción va de la mano de la prudencia, de la mesura, de la moderación, de la reserva y del secreto. Pero ser discreto también conlleva un rol activo, cual es el don de conducirse con oportunidad, agudeza e ingenio. Así, en el supuesto de que no puedan dirimirse todas las diferencias existentes, lograr ser operativo también entraña que la causa esencial de la disputa pueda reducirse a un nivel más manejable.

La mediación psicosocial está dirigida fundamentalmente a las consecuencias más que a las causas. La aludida operatividad tiende a diluir toda hostilidad entre los miembros de un conjunto, erigiéndose en un verdadero proceso de éxito recíproco pues ayuda a todos a sentirse mejor acerca de los resultados obtenidos. Para ello es esencial tanto la confidencia como la confianza, como aptitudes y actitudes del psicólogo social que lo posicionan en un lugar de tranquilidad, de certidumbre y, por qué no, también de fe en su persona. Ser fiable hace a la lealtad y a la integridad.

Cabe aclarar, entonces, que siempre procede que el operador psicosocial mediador adopte —ante todo— una cultura de respeto a la confidencialidad, en lo que hace a los vínculos habidos con todos y cada uno de quienes componen la agrupación a su cargo. Desde esa posición le será más fácil conducir los conflictos que vayan surgiendo, sean éstos explícitos o implícitos, manifiestos o latentes, más abiertos o más cerrados. No estamos hablando de otra cosa que de ser un promotor de convergencias; y poder así orientar de modo positivo el futuro accionar del grupo.

La confidencia entre los integrantes de cualquier conjunto es básica, al igual que lo es la confianza de ellos con el coordinador y su equipo. A partir de ahí se va gestando una cierta familiaridad que abraza al proceso del grupo todo; permitiendo fomentar los cambios en las conductas, en los pensamientos y en los afectos ya sea tanto de los conducidos como de los conductores. De allí que en psicología social se piense al acontecer grupal como una gestaltung; no una estructura sino como un estructurando, debido al movimiento permanente que lo caracteriza.

El operador psicosocial postula lo que se conoce con el nombre de una epistemología convergente, según la cual las ciencias de lo humano conciernen a un objeto único: el hombre-en-situación susceptible de un abordaje pluridimensional. Tomamos entonces otro concepto de la mediación, cual es la resolución de cualquier disidencia en el modo de ganancia mutua o triunfo-triunfo. Pues los conflictos suelen actuar no sólo de forma negativa sino también de manera positiva, generando un brío y una potencia creadora que mejora el clima colectivo. En síntesis: TODOS GANAN.