El Psicólogo Social Mediador

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar — Año 6 Nro. 58 de febrero de 2014; en La Silla del Coordinador con fecha 10/5/2014; en 1968 Grupalista: Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 25/10/2014 y en la página web de la Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina con fecha 5/3/2015)

EL PSICOLOGO SOCIAL MEDIADOR

Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia. Marcel Proust.

Ha comenzado un nuevo año y con mucho placer retomo estos “Psicosociales Breves”, para pasar a referirme ahora a la labor del psicólogo social mediador. Es sabido que, así como no hay individuos no conflictivos, de igual modo tampoco existen los grupos sin divergencias ni desavenencias entre sus miembros. El operador psicosocial algo conoce sobre dicha naturaleza universal de los conflictos; y entiende que los mismos pueden funcionar no solamente de manera negativa sino también de un modo positivo, generando una energía creativa y llegando a mejorar el clima grupal.

La discordancia se relaciona íntimamente con lo diverso; y esa variedad de normas y valores, de opiniones y pareceres entre los integrantes de cualquier grupo, es común y  absolutamente natural. En lenguaje musical, lo discorde es tan solo una falta de armonía. Pues, es tarea del psicólogo social procurar vínculos armoniosos, ayudando a romper las conductas cerradas y estereotipadas. Y lograr que los conflictos sirvan para crecer, para avanzar. En otros términos, poder convertir las situaciones dilemáticas en simples problemas cuyo abordaje y solución estén al alcance del propio grupo.

De allí que se diga que el operador psicosocial debe ser —muchas veces— un capitán en las tormentas en cuanto a la resolución de los desacuerdos que se van presentando en el acontecer grupal. En tales instancias, proyecta ayudar a los participantes para que puedan dilucidar sus áreas de alianzas y divergencias; siendo aquí una especie de guía de turismo pues las disidencias logran resolverse cuando primero son advertidas y reconocidas. Como co-pensor, el psicólogo social coopera para que sean los mismos interesados quienes indiquen los caminos para solucionar sus diferencias.

Así, es importante tener en consideración el principio de neutralidad que debe imperar frente a toda confrontación que se produzca en el curso del proceso grupal. Ante la coexistencia de tendencias contradictorias entre los integrantes del grupo, es bueno conseguir ubicarse a una distancia óptima con el fin de ver esas disparidades con la mayor amplitud posible. Tal equidistancia permite distinguir a los otros como individuos separados del operador psicosocial: es decir, ni tan lejanos que no importen ni despierten empatía, ni tan cercanos que lleguen a asfixiar a quien coordina.

En el pensar, sentir y hacer que conlleva toda mediación psicosocial, es conveniente contar con lo que denominamos objetividad operativa creciente, a los efectos de la más eficaz resolución de las disputas y confrontaciones grupales. Es fundamental actuar como un tercero neutral e imparcial, sin inclinarse a favor de ninguna de las partes o de las alternativas que se oponen en el puntual desacuerdo del que se trate. Aunque para poder ser neutral, muchas veces hay que intentar neutralizar a los contendientes; ello sin dejar de ser justo, equitativo y ecuánime.

El entrenamiento y la preparación del psicólogo social es un constante desafío en pos de un cotidiano convivir con las diferencias. Así, los grupos son habitualmente bastante heterogéneos; y sus miembros suelen ser ideológica y culturalmente muy distintos. Si bien esa realidad desemboca en las más variadas rencillas y desavenencias, no hay ninguna duda que también contiene una enorme riqueza de aprendizajes. El rumbo va hacia la búsqueda de individuos motivadores de cambios y de transformaciones, tanto de la realidad exterior que los rodea como de su propio mundo interno.