La Escucha Como Arte-Facto

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar — Año 6 Nro. 56 de noviembre de 2013; en La Silla del Coordinador con fecha 21/11/2013 y en 1968 Grupalista: Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 31/10/2014)

LA ESCUCHA COMO ARTE-FACTO

Pensamos el concepto de escucha como uno de los tantos aparatos o artefactos que utiliza el coordinador grupal para cumplir su rol. En términos pichonianos, estamos hablando de arte factum (del latín, “hecho con arte”); hacer una artesanía del proceso de escuchar a los integrantes de un grupo. Es decir, quien coordina se vale de una suerte de maquinaria auditiva que lo ayuda a desempeñar su función específica.

También venimos diciendo, por otro lado, que saber escuchar es un arte (escucharte) que tiene sus propias reglas a seguir, tales como un conjunto de habilidades, destrezas, saberes y conocimientos interrelacionados que permiten una transformación de las necesidades, los deseos y los anhelos grupales. Algo así como romper las conductas estereotipadas y la resistencia a los cambios en pos de un proyecto a ser logrado.

Desde la óptica psicosocial, coordinar implica desarrollar una aptitud de escucha múltiple. Se trata de no ejercer un liderazgo sino de poder asumir una posición de prescindencia para que así emerjan las palabras de los otros, preservando siempre la direccionalidad de la tarea grupal concreta y específica. Tal metodología procura la capacidad de percibir existente en el grupo en función de un objetivo común.

Además la escucha del coordinador, de modo similar a la atención flotante freudiana,  es la expresión de un valor que se llama disponibilidad. La idea es mantener la mente difusa y no focalizada; es decir, que la coordinación no esté regida por ningún prejuicio ni intencionalidad previa. Conocer no es sólo hacerse una idea de algo, sino volverse disponible a todo dejando expeditas las más variadas posibilidades grupales.

El coordinador y su equipo no tienen que empeñarse ni a favor ni en contra, sino simplemente inclinarse hacia cada situación grupal que se les vaya presentando. Toda novedad los debe encontrar enteramente abiertos y libres de nocivos preconceptos. La posición del coordinador grupal irá oscilando entre una ataraxia no respondiente y una cálida sensibilidad, entre un dejarse sorprender y un dar cabida a lo disruptivo.

Lo antedicho no se lleva a cabo de cualquier modo, pues coordinar es operar siempre con cierta dirección. Las más de las veces esa direccionalidad está dada en crear las condiciones de posibilidad para que aquello que tiene que suceder en un grupo  efectivamente ocurra. De allí que sea considerado un facilitador, un posibilitador de los senderos que sean necesarios para que el trabajo grupal pueda desplegarse.

Con el aparato o dispositivo de la escucha, el coordinador desarrolla su saber-hacer tanto para pensar la lógica de los procesos grupales como así también la dirección de sus distintas intervenciones, interpretaciones y señalamientos. No sólo debe estar presente sino que cuenta con cierta aptitud y actitud para ausentarse. Ello sin dejar de lado la creatividad grupal… y siendo muchas veces el orquestador de una fratría.