Nuevos Roles y Desafíos Psicosociales

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir y pensar — Año 4 Nro. 36 de diciembre 2011 – enero 2012; en Centro de Estudios Sociales Argentino con fecha 20/1/2012 y en Reflexiones sobre Educación con fecha 30/1/2012)

NUEVOS ROLES Y DESAFIOS PSICOSOCIALES

III Foro Debate de Psicología Social

Seguidamente intentaré brindar una síntesis de mi disertación en el III Foro Debate de Psicología Social – Nuevos Roles y Desafíos, encuentro organizado por la Escuela de Psicología Social de Pilar “Construyendo Alternativas” y llevado a cabo el pasado  sábado 12 de noviembre de 2011. La temática a mi cargo versó sobre las distintas posibilidades de operar psicosocialmente en el área de la niñez y de la adolescencia, sobre todo teniendo en consideración el cambio ideológico que en nuestro país se viene  dando  respecto de las políticas públicas en esta materia. Así, la Ley Nº 26.061 de protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes promueve la activa participación de todos en lo que hace a la protección y defensa de nuestros niños y jóvenes. Por ende, la responsabilidad ante ellos no es sólo familiar sino también estatal y comunitaria. Los pibes ya no son considerados como meros objetos de pertenencia de la familia, como tampoco son simples objetos de tutela de un Estado autoritario y disciplinar que los judicializa e institucionaliza. Son sujetos activos y plenos de derechos dada su condición de personas en desarrollo.

Esta concepción humanista en protección de lo que se denomina el interés superior del niño, nos habilita a los psicólogos sociales a operar en diversas áreas, a saber: salud, educación, trabajo, juego y esparcimiento, seguridad social, ecología, violencia familiar, malos tratos, abuso sexual, alcoholismo, drogadicción, embarazo no deseado y aborto, autoagresiones y tentativas de suicidio, entre otras. Ninguna duda puede caber que es necesario un abordaje interdisciplinario para llevar a cabo tamaña tarea, abriéndose el campo al nacimiento de una transdisciplina que incluya a los médicos, a los psicólogos, a los psicopedagogos, a los abogados, a los educadores, a los asistentes sociales, a los ayudantes terapéuticos y también a los psicólogos sociales. Trabajando  con nuestra caja de herramientas (ECRO) en grupos de reflexión o de aprendizaje, con juegos y técnicas psicodramáticas, con creatividad y con una permanente adaptación activa a la realidad, podemos contribuir grandemente al crecimiento psicofísico de los chicos y, además, constituirnos en verdaderos agentes del cambio social planificado. Así lo pensó y lo propuso Enrique Pichon-Rivière hace más de sesenta años.

Vale recordar aquí la labor pionera de Alfredo Moffatt y su equipo de psicólogos sociales en dos de sus tantos proyectos: el Bancapibes, dedicado a la niñez y a la adolescencia en riesgo; y Oyitas, es decir ollas populares para chicos en asentamientos y villas del conurbano bonaerense. Muchos niños y jóvenes se hallan en estado de deprivación, por lo que precisan profesionales que puedan comprometerse con ellos desde la emoción y la ternura. Y así concretamente está sucediendo, sobre todo desde la vigencia de la nueva legislación válida para esta problemática tan delicada, pues cada vez son más las  organizaciones no gubernamentales que intervienen y participan en el campo de la niñez y de la juventud. También existen muchas fundaciones, asociaciones, entidades públicas y privadas trabajando fuertemente con chicos víctimas de violencia familiar, malos tratos, abuso sexual infantil, incesto intrafamiliar, etc. Y no debemos olvidar el equipo creado por Carlos Sica interviniendo en catástrofes y  emergencias psicosociales (EPS) tales como la tragedia de Cromañón, ocurrida aquel fatídico 30 de diciembre de 2004 y cuyas víctimas eran principalmente jóvenes.

Los operadores psicosociales podemos también desempeñarnos coordinando grupos interespacios o interequipos, integrados por todos aquellos profesionales que trabajan  en el área o, incluso, por voluntarios que son habituales en esta tarea tan sensible y que llegan a constituirse en reales agentes multiplicadores. Los psicólogos sociales algo sabemos del síndrome del quemado o burnout que sufren quienes ayudan a niños maltratados o abusados sexualmente, a jóvenes drogados y alcoholizados. Se puede  apuntalarlos grupalmente y evitar así una verdadera quema de los agentes sociales que operan con niñas, niños y adolescentes, como también podemos intervenir en lo que se llama el efecto Cohn-Bendit: no son pocos los que caen en el descreimiento de aquello que en un inicio tan apasionadamente defendieron. O el llamado efecto Mulhman que, ante la situación recién señalada, produce un proceso de paralización de las tareas generando una sensación de fracaso. En grupos de profesionales y de voluntarios intervenimos sobre esta realidad tan frecuente, procurando una contención desde el sentir, el pensar y el hacer que permita proseguir la ardua labor.

Hay otras posibilidades para nuestra disciplina, actuando en el terreno del deporte, del juego y del esparcimiento. Se pueden inventar juegotecas barriales o participar en los centros de día para chicos y jóvenes, en los centros de atención familiar (CAF) o en los centros de atención integral a la niñez y adolescencia (CAINA). A modo de ejemplo, señalamos el convenio firmado por la Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina con el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes para llevar a cabo talleres en varias escuelas de la Capital Federal, algunos denominados Proyectando el Futuro y otros sobre los derechos y garantías de nuestros pibes. Eugenia Manzanelli y su equipo de psicólogas sociales también suscribieron, en representación de APSRA, un convenio con la Universidad Tecnológica Nacional para llevar adelante diversos talleres sobre el Primer Trabajo de los Jóvenes. Es decir, son múltiples los espacios para intervenir psicosocialmente teniendo en consideración los ejes de las políticas públicas que conforman las actuales medidas de protección integral de los derechos de los niños y de los jóvenes en nuestro país.

Desde esta profesión es posible también la colaboración en el ámbito judicial, sea interviniendo como peritos —de parte u oficiales— o presentando dictámenes e  informes atinentes a nuestra especialidad. Conviene aquí puntualizar que el art. 2º de la Ley Nº 24.417 sobre Protección contra la Violencia Familiar impone, a todo profesional de la salud, la obligación de denunciar cuando los damnificados de aquélla sean  menores. Consecuentemente, no rige el instituto del secreto profesional pues éste solamente beneficia al adulto maltratador y al abusador. La responsabilidad civil por mala praxis —con la consecuente reparación por los daños y perjuicios ocasionados— se produce si advertimos una situación puntual en perjuicio de un chico y nos mantenemos en silencio. Asimismo, se puede incurrir en el delito penal tipificado como abandono de persona si nos dejamos llevar por el conocido de eso no se habla o el más famoso no te metas. Es mucha y apasionante la tarea profesional pendiente de realización para dar fin a la teoría de las dos infancias (vgr.: pibes excluidos e incluidos)  y  que habilite a niñas, niños y adolescentes a vivir en un mundo mejor.

¿Qué puede hacer un psicólogo social desde el ámbito específico del Poder Judicial frente a la realidad que aquí presentamos? Pues, puede brindar sus aportes en el sentido de descubrir la situación crítica de un chico a través de un diagnóstico, orientando la búsqueda de recursos y estrategias pertinentes en pos de un plan de ayuda concreto. En el proceso de colaboración a un menor violentado podemos actuar en distintos contextos relacionales: asistencial, informativo, evaluativo, de control, de asesoramiento, etc. El objetivo no es otro que trabajar junto a la víctima y producir una transformación. Se trata de tener un proyecto y de creer en él. Decía el fundador de nuestra disciplina que la muerte está tan lejos como grande sea nuestro proyecto. Y  parafraseando a Paulo Freire, pensemos que la primera pelea que un operador psicosocial progresista debe dar es consigo mismo; ese es el comienzo del cambio. En fin, estas breves ideas simplemente han pretendido servir de posible disparador, para que  muchos psicólogos sociales continuemos abordando nuevos roles y nuevos desafíos. En definitiva, para seguir juntos CONSTRUYENDO  ALTERNATIVAS.