Algunas Ideas y Aportes Psicosociales (Parte II)

(Publicado en El Semejante — Año 10 Nro. 69 de septiembre de 2010 y en A.P.S.R.A. - Asuntos Legales con fecha 13/10/2016)

ALGUNAS IDEAS Y APORTES PSICOSOCIALES (Parte II)

Esta es la continuación del texto incluido en una anterior edición del periódico El Semejante (Nro. 67 del mes de julio del corriente año), en el cual me propuse hacer un repaso de diversos artículos y notas de mi autoría publicados en los últimos años. Dicha tarea me llevó a extraer los siguientes conceptos relativos al quehacer psicosocial, los que a continuación transcribo al modo de cosas dichas y escritas sobre la temática referenciada. Reitero que, en algunos casos, realicé pequeñas modificaciones que entiendo son convenientes en función del formato aquí presentado. Y la propuesta sigue siendo apostar por una Psicología Social cada vez más fortalecida a lo largo y ancho de nuestro territorio.

* Psicología social: la palabra en los grupos (2008) Enrique Pichon-Rivière expresó alguna vez que, ya desde la infancia, su pretensión era saber qué hay detrás de lo dicho. Tempranamente había advertido que las palabras, en-lo-que-se dice, en-lo-que-se escucha, avanzan a través de una espesa selva entre lo manifiesto y lo latente. Así, en toda intervención psicosocial, cortando el sentido, las palabras se abren a la polisemia con nuevos significados para un mismo significante. Ello debido a la multivocidad de los vocablos; originando los intercambios de discursos co(n)fusiones inevitables. Toda experiencia no es solamente lo vivido, sino la reflexión y el sentir que de eso vivido nos hace letra. Leemos lo que se dice como si estuviera escrito sobre el paño de una bandera flameando: de tal modo que un integrante grupal podrá ver algunas letras mientras que los demás, según ese movimiento ondulante, leerán otras palabras muy distintas comparándolas entre sí. Lo que cada uno expresa se termina de decir, no de modo idéntico, en las orejas del resto de los otros miembros y conforme a sus propias historias singulares.

* Teoría de las tres “D” en psicología social (2006) En nuestra disciplina, las nociones de vínculo y de rol son dos términos fundamentales que se entremezclan constantemente. El operador psicosocial debe estudiar la estructura de los vínculos como así también los diferentes roles  —que se depositan, se transfieren, se adjudican y se asumen— en las situaciones grupales en particular. En la idea de trama vincular se incluye el rol. Los psicólogos sociales procuraremos ser artificieros en el ejercicio de nuestra profesión, al decir de Michel Foucault; o sea, intentando fabricar algo (arte-facto) que sirva para el más armónico funcionamiento de los grupos como así de todos y cada uno de sus integrantes.

* Contradicciones grupales y psicología social (2007) Cuando operamos en el terreno de lo grupal y sus contradicciones, la posición del coordinador psicosocial oscilará entre una ataraxia no respondiente y una cálida sensibilidad, en pos de cohesionar eso de lo heterogéneo que hallamos en el pensar, en el sentir y en el hacer de cada integrante. Una contradicción nunca va “en contra” de una coherencia. Podríamos resumir las cualidades del coordinador con estas palabras: arte, ciencia y paciencia. Desde nuestro lugar de co-pensores y agentes del cambio social planificado, estamos acostumbrados a trabajar con lo opuesto, con lo distinto, con lo diferente… afortunadamente!!! Sólo los peces muertos nadan con la corriente.

* Rol coordinador y enseñanza de psicología social (2007) Aprender a coordinar es también insistir en la incansable tarea de inventar un territorio propicio para el diálogo. En tanto se cumple este objetivo, la red comunicacional es constantemente reajustada y solamente así es posible reelaborar un pensamiento capaz del diálogo y enfrentar los cambios. Toda comunicación grupal es discontinua por naturaleza. Entendemos que no basta la presencia del otro para que haya diálogo, pues suele haber en los grupos integrantes que sostienen un ininterrumpido monólogo. Cuando la propia voz se pierde en relatos que se bifurcan y multiplican —hasta que vuelve desde afuera, como una voz extraña— recién ahí podemos intuir que se está logrando una interacción. Las operaciones de la coordinación tenderán a ensanchar el sentido de las narraciones grupales. Así, al descubrir otras modalidades vinculares se encuentra no sólo una salida, sino también la lucha por salir. Sin ese riesgo no hay apuesta, pues entendemos que arriesgarse es perderse un poco… y no arriesgar es perderlo todo.

* Algo más sobre coordinación grupal y psicología social (2007) Cuando hablamos de estilos de coordinación hacemos referencia a los distintos modos, formas y maneras de hacerlo. Nótese que la expresión proviene del latín stilus: punzón con el cual los antiguos escribían en sus tablas enceradas. Por ende, tendremos estilos directos e indirectos, emotivos y valorativos, dialógicos y monológicos. Así, encontraremos modos de coordinar más intelectualizados (que priorizan los aspectos cognitivos y racionales), más vivenciados (que destacan las estructuras afectivas) y más actuados (que enfatizan las estructuras de acción). Vemos estilos más protectores y otros más acompañantes; coordinaciones informadoras y otras formadoras de aptitudes. Los aludidos estares y estilos de coordinación se entrecruzan permanentemente en los procesos grupales. Es la pericia del coordinador la que le permite instalarse de modo variable ante el grupo; por lo que estar debidamente pertrechados para esa aventura será lo esencial. El operador psicosocial se hace responsable de las consecuencias de su intervención, entendiendo a ésta como un instrumento valioso en relación al ajuste de su estrategia. Ello entraña una ética de la responsabilidad.

* Psicología social y ECRO (2006) Cabe puntualizar que el principal rasgo del ECRO pichoneano es su carácter operativo. Entendemos que toda indagación va acompañada de una operación; es decir, no hay indagación “pura”, inocua; sino que lo es “para” algo o direccionada hacia fines específicos y puntuales. Nuestro esquema conceptual es concebido como una producción planificada de cambio en relación al logro de los objetivos previamente propuestos. Como operadores psicosociales no aspiramos a una simple observación excelsa de la realidad, pues tendemos a que nuestras interpretaciones se adecuen a esa realidad en términos de operación. Lo importante es la realimentación continua de la teoría a través de su confrontación con la práctica. Y a la vez solemos decir que nada hay más práctico que una buena teoría.

* Algo más sobre vínculos y psicología social (2006) Mediante esos instrumentos y herramientas (ámbitos psicosocial, sociodinámico e institucional), los operadores psicosociales podemos obtener una variada información que nos acerca hacia una mejor comprensión de lo que sucede dentro de un sujeto y su grupo de pertenencia. De tal modo se despliega una psicología social operativa   —teñida de una posible y deseable objetividad creciente— en la medida en que el individuo “es” la estructura vincular de la cual emerge. El otro siempre cuenta como modelo, como objeto, como auxiliar o como rival, enseñó el padre del psicoanálisis ya hace un siglo. Individuo y medio están en permanente interacción. En nuestros vínculos está implicado todo y complicado todo.

* Psicología social: el deseo en los grupos (2009) Creemos que quien haya participado activamente de un Grupo Operativo ya no volverá a ser el mismo, pues habrá adquirido una nueva posición subjetiva, una subjetividad distinta y remozada ante sí y ante su circunstancia toda. También en lo grupal los deseos se lanzan con un ímpetu que no conoce límites, evidenciándose la íntima correlación que existe entre el deseo y la verdad; esa verdad que al sujeto tanto le cuesta reconocer. Nos referimos específicamente al curioso encanto que consiste en conocer grupalmente la intolerable verdad del deseo, que insiste en no dejar de fascinar y de atemorizar a los seres humanos. Pensamos que todo grupo “grupea”, verbo que no hace otra cosa que dotar de movimiento y vitalidad al sustantivo. “Grupear” dice de un surgimiento continuo y permanente. Desear es tener ganas y, por eso, nos aproxima grandemente a una acción creativa y creadora. En esa esencia enigmática que es el ser humano también sucede lo psicosocial, donde la pregunta sigue siendo por el deseo. Cada encuentro grupal es una puntual puesta a prueba del deseo: se erige en una nueva oportunidad para la oportunidad de algo nuevo.

* Psicología social y miedos básicos (2006) Si partimos del concepto de que todo deseo lo es de dificultad, de intranquilidad, pues como agentes de cambio podremos ayudar a las personas y a los grupos a convertir esos temores básicos universales (a la pérdida de lo viejo conocido y al ataque de lo nuevo por conocer) en simples miedos o ansiedades estimulantes, dejando atrás toda paralización de las potencialidades del ser humano. Al incorporar el devenir como dimensión temporal, abordando al individuo en sus condiciones concretas de existencia, se perfecciona así la idea que sostiene que el hombre en situación es una estructura estructurándose, una figura configurándose continuamente, una totalidad totalizante. Ante la resistencia al cambio ofrezcamos un proyecto superador e innovador a nuestros consultantes.

* Resistencia al cambio y procrastinación (2008) Una situación íntimamente ligada a la aludida resistencia al cambio es la llamada procrastinación, entendida como la acción de postergar actividades o asuntos que el sujeto debe atender. Proviene del latín: "pro" (adelante) y "crastinus" (relacionado con el mañana). La noción se aplica generalmente al sentido de ansiedad generado ante una tarea pendiente de concluir. El acto o situación que se procrastina suele ser percibido por el individuo como desafiante, inquietante, peligroso, abrumador e, incluso, como tedioso, aburrido o estresante. Y tal estrés (epidemia de nuestros días) puede ser tanto físico, como psicológico o intelectual. La permanente adaptación activa a la realidad implica combatir la cándida aceptación acrítica de las normas y de los valores que nos aprisionan. Superar la idea de "lo dejo para mañana, total tengo tiempo", propia de la llamada maldición de procrastinar. De tal modo, el ser humano logrará ser siempre un puente y no un fin… ¡una ruta hacia nuevas auroras!

* Enseñaje y psicología social (2009) Desde la visión problematizadora del enseñaje se busca un sujeto cognoscente, deseante y productor que deje de lado una mirada ingenua de lo real. Se afirma la dialogicidad, en un proceso donde educador y educando crecen juntos insertándose críticamente en la realidad. Todos sabemos algo que los otros desconocen, por lo que en el ámbito psicosocial el diálogo grupal se impone como el camino mediante el cual las personas ganan significación en cuanto tales. Se trata de decir la verdad como actividad específica y concreta: una especie de parrhesía o hablar francamente. Etimológicamente pan: todo, y rhema: lo que se dice; es algo así como la apertura del corazón. Sostenemos que es esencial dejar que, en lo grupal, se despliegue espontáneamente el hilo y el flujo de las representaciones, pero con el fin de poder adueñarse de ellas.

* Psicología social y educación (2009) Para finalizar, lo educativo dialógico incluye la esperanza, que está en la raíz de la inconclusión de todo ser humano. Junto a la idea de educar incluimos la de "educir", entendida ésta como deducir, sacar una cosa de otra. Es fundamental escuchar la insistencia del sujeto por hacerse oír, al cual no debemos nunca desalentar sino acompañarlo en el encuentro con sus saberes, de acuerdo a sus propias inquietudes, intereses y necesidades. En este tiempo en que nuestra civilización ya no cree en los grandes ideales, esta descreencia nos exige proponer nuevos modos de apropiación de la realidad: una adaptación activa que nos permita transformarla y a la vez transformarnos. Tener en cuenta a cada hombre en situación interactuando con los otros, pues de allí surgirá nada menos que esa pedagogía de la problematización que propiciamos.