Crítica de la Vida Cotidiana

(Publicado en El Semejante – Año 8 Nro. 55 de abril de 2009; en la sección "Lecturas" de La Cosa Psi; en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir, pensar - Año 1 Nro. 8 de junio de 2009; en La Silla del Coordinador con fecha 18/3/2014 y en 1968 Grupalista: Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 11/3/2015)

CRITICA DE LA VIDA COTIDIANA

El pasado 12 de marzo de 2009 fui invitado a dar una charla sobre Crítica de la Vida Cotidiana en la Escuela de Psicología Social de Pilar, donde funciona a la vez la sede Noroeste de A.P.S.R.A. (Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina). A continuación haré una breve síntesis del recorrido de dicha exposición, la que comencé haciendo referencia a nuestras condiciones concretas de existencia, con sus vínculos, sus redes sociales y culturales específicas. Es decir, la vida en sí misma en un tiempo y un espacio dados. La Psicología Social Argentina se propone como una crítica de la vida cotidiana, asumiendo una permanente indagación-acción del acontecer diario.

Dije que la tarea del operador psicosocial comprende la investigación de la realidad en la que estamos inmersos para esclarecer -y esclarecernos- en la explicitación de lo oculto, de lo que está tanto implícito como latente. En dicha labor somos al mismo tiempo actores y espectadores respecto del objeto de conocimiento, que abordamos desde las diferentes matrices de aprendizaje que hacen a nuestra subjetividad singular. De allí, la importancia de ir logrando una objetividad creciente al abordar las diferentes relaciones sociales en las que operamos. Lo psíquico tiene carácter social e histórico, pues somos sujetos de necesidades en intercambio permanente con el medio.

Para cada uno de nosotros el mundo es el que vivimos con los otros, con los demás; nada menos que el implacable interjuego del ser humano y su universo. Decimos que a cada organización social y a cada época histórica le corresponde un tipo puntual y concreto de vida cotidiana, que suele estar presa de tradiciones y costumbres que no cuestionamos. Implica además una reiteración de acciones en una distribución diaria del tiempo; realidad que está en un continuo cambio y movimiento de tal magnitud que suele invitarnos a una permanente no-reflexión. La aceptación acrítica de las normas y valores dados hacen a lo que los psicólogos sociales denominamos adaptación pasiva a la realidad.

Muy por el contrario, desde nuestra profesión intentamos dilucidar los prejuicios y los preconceptos en los que cada uno de nosotros está atrapado. No se puede crecer si permanecemos rígidos y cerrados en nuestro propio círculo de opiniones. Adaptarse activamente a la realidad será, entonces, hacerse cargo de los propios procederes estereotipados como el único modo de que otro sentido pueda resurgir en lo cotidiano. Siempre será importante cómo recepcionemos lo imprevisible, lo inhabitual o el contratiempo en aquello que a diario nos sucede, lo que nos ayudará decididamente a convertirnos en verdaderos agentes del cambio social planificado. Vimos luego algunos ejemplos concretos.

Cuando hice referencia a la Experiencia Rosario, los asistentes nada sabían acerca de ese hecho casi mítico para nuestra Psicología Social. Fue concretamente una experiencia de laboratorio social, un trabajo comunitario que se centró nada menos que en la cotidianidad de esa importante ciudad industrial de la provincia de Santa Fe, allá por el mes de junio de 1958. Enrique Pichon-Rivière fue el coordinador general y el IADES (Instituto Argentino de Estudios Sociales) fue la institución que organizó los tres días dedicados a "pensar y discutir Rosario". Unas mil personas participaron en este evento, formando grupos con una concepción de la investigación social como indagación operativa.

Otra experiencia social llevada a cabo por el creador de nuestra disciplina fue el llamado Baile de la Computadora, organizado en el año 1966 en el por entonces famoso boliche nocturno "Mau Mau". Pichon-Rivière repartió un cuestionario entre las parejas asistentes que éstas debían responder, para luego volcar esos datos a una computadora que procedería a seleccionar a cien parejas según ciertos criterios de afinidad preestablecidos. Las parejas ideales individualizadas por la máquina en nada coincidieron con las parejas de carne y hueso que se dispusieron a disfrutar del juego colectivo propuesto. Nuevamente vemos aquí al laboratorio social como un dispositivo de investigación.

Toda vez que la Psicología Social nos invita a criticar lo cotidiano en sus distintos ámbitos, finalizamos este encuentro en la bella ciudad de Pilar analizando algunos de ellos: el ámbito familiar, el ámbito del trabajo y el ámbito del tiempo libre. Desde nuestras distintas matrices de aprendizaje fuimos aportando acuerdos y diferencias, intentando cada uno de los integrantes allí reunidos derrumbar mitos y lugares comunes naturalizados vaya a saber por quiénes. Con la fuerza de lo grupal, procuramos dejar de lado toda mirada ingenua e inocente de la realidad, intentando observar críticamente lo que realmente nos circunda, para así lograr pensar, sentir y hacer de un modo más fecundo y creativo.