Enseñaje y Psicología Social

(Publicado en El Semejante - Año 7 Nro. 54 de marzo de 2009; en el portal Psicosocial Geomundos; en La Silla del Coordinador con fecha 20/5/2013 y en 1968 Grupalista: Biblioteca de Psicología Social Pichoniana con fecha 19/4/2015)

ENSEÑAJE Y PSICOLOGIA SOCIAL

En varias ediciones anteriores nos hemos referido al vocablo enseñaje, acuñado hace ya mucho tiempo por Enrique Pichon-Rivière. El enseñar y el aprender están dialécticamente vinculados y funcionan como una alternancia de opuestos. Precisamente de la unión de esos conceptos de “enseñanza” y de “aprendizaje” surge la aludida noción del enseñaje psicosocial, cuyo objetivo no es otro que el de contribuir a resolver situaciones dilemáticas concretas. Nuestra didáctica está destinada no solamente a comunicar conocimientos (tarea informativa), sino también a desarrollar aptitudes y modificar actitudes (tarea formativa). Y apostamos a una formación e información interdisciplinaria, buscando la mayor heterogeneidad posible en la composición de los grupos para la reelaboración de aquellos conocimientos y experiencias.

Esta multiplicación de saberes va al encuentro de una mayor riqueza del aprendizaje en común y hacia la construcción de una nueva cultura grupal. El proceso acumulativo -o de sumación- de conocimientos es de neto origen multidisciplinario, produciendo una trama o estructura relacionada en sentido gestáltico. La Psicología Social toma el término gestalt para significar a esa estructura formada por elementos interdependientes; es decir, un conjunto de elementos relacionados entre sí de modo tal que la eventual modificación de uno de ellos afecta a los demás. Dicha estructura se encuentra en permanente cambio, por lo que debemos adicionarle el devenir, la dimensión temporal. Nos hallamos así ante una gestalt-gestaltung o estructura estructurándose, una figura continuamente configurándose o una totalidad totalizante.

Similar criterio utiliza Paulo Freire cuando distingue entre la concepción bancaria y la concepción problematizadora de la educación. En la primera, el conocimiento es una donación de quienes se juzgan sabios a aquellos que serían ignorantes. Algo así como la memorización mecánica del contenido narrado por el educador, transformando a los individuos en meros recipientes o vasijas a ser llenadas casi automáticamente. Los psicólogos sociales apostamos a la no aceptación acrítica e indiscriminada de normas y valores que sean impuestas desde el exterior. La referida visión bancaria se asemeja a una adaptación pasiva a la realidad, por lo que resulta esencial aprender a no aceptar nada que no hayamos previamente experimentado por nosotros mismos. Consideramos que todo aprendizaje debe superar la aludida contradicción educador-educando.

Desde la visión problematizadora antes mencionada se busca un sujeto cognoscente, deseante y productor que deje de lado una mirada ingenua de lo real. Se afirma la dialogicidad, en un proceso donde educador y educando crecen juntos insertándose críticamente en la realidad. Todos sabemos algo que los otros desconocen, por lo que en el ámbito psicosocial el diálogo grupal se impone como el camino mediante el cual las personas ganan significación en cuanto tales. Se trata de decir la verdad como actividad específica y concreta: una especie de parrhesía o hablar francamente. Etimológicamente pan: todo, y rhema: lo que se dice; es algo así como la apertura del corazón. Sostenemos que es esencial dejar que, en lo grupal, se despliegue espontáneamente el hilo y el flujo de las representaciones, pero con el fin de poder adueñarse de ellas.

Las relaciones educador-educando dominantes en nuestra cultura actual son de naturaleza fundamentalmente narrativa, discursiva y disertante. Por eso, Jean Paul Sartre también hablaba de un concepto digestivo del saber, cuyos contenidos petrificados simplemente circulan en una especie de tratamiento que sólo engorda a las personas e inhibe toda posibilidad de acción y creación. Nuestro aprendizaje tiende a la dialogicidad, imponiéndose el diálogo grupal como camino mediante el cual los individuos ganan significación en cuanto tales. No hay palabra verdadera que no sea una inquebrantable unión entre reflexión y acción, pues creemos que la palabra inauténtica no es transformadora ni de uno mismo ni del mundo externo. Algo parecido a la regla básica freudiana de la asociación libre. El diálogo es una exigencia existencial.

Entendemos a la Psicología Social como una forma del saber, que busca un cambio que produzca en el ser humano su acceso a la verdad. Al igual que Michel Foucault, decimos que sujeto y verdad son dos pilares fundamentales en nuestra disciplina. Al practicar el culto del ser y en el conócete a ti mismo, logramos tener cuidado de nosotros y de los otros. Así, nos vamos despojando de toda dilemática preocupación por el futuro, para vivir más plenamente el presente. Dice un dicho: hoy es el mañana que ayer me preocupaba tanto. Juntos en lo grupal, cada individuo recrea críticamente su mundo, siendo tal aprendizaje un verdadero proceso de apropiación instrumental de la realidad para modificarla. La cuestión es aprender y aprehender: aprender como incorporación de conocimientos, y aprehender en tanto captura de la esencia de todas las cosas.

El enseñaje psicosocial busca informar y formar, siempre teniendo en consideración que la idea de formación contiene una paradoja. Formar proviene del latín horma -como la de un zapato o un queso- que moldea conforme un esquema preestablecido. Aunque hay una importante diferencia entre sólo formar a imagen y semejanza, o procurar que cada cual se vaya apropiando de los distintos saberes disciplinares, de acuerdo a sus propias inquietudes, necesidades e intereses. Con Erich Fromm diferenciamos educación y manipulación, basada esta última en la absoluta ausencia de fe en el crecimiento de las potencialidades del individuo. Todo lo contrario, nuestro modo de enseñar y aprender es identificable con la ayuda brindada a cada uno para que realice a pleno sus propias potencialidades. Una verdadera transformación que elija atenernos a nuestra veridicción.