Humanismo y Psicología Social

(Publicado en Psicología Social para Todos: tierra y escritura del hacer, sentir, pensar - Año 1 Nro. 3 edición especial de diciembre de 2008 - enero de 2009 y en La Silla del Coordinador con fecha 6/7/2013)

HUMANISMO Y PSICOLOGIA SOCIAL

La vida nos ha sido dada, pero no nos ha sido dada hecha (J. Ortega y Gasset)

Muchas veces hemos señalado que la psicología social debe ser pensada como una interciencia, que incluye saberes provenientes de los campos de la psicología, la sociología, el psicoanálisis, la antropología, la filosofía, la epistemología, el psicodrama, entre otras disciplinas. Agreguemos ahora que es también un humanismo pues, al indagar la compleja realidad de los hombres y mujeres frente a los cambios, plantea la problemática de esta era globalizada como drama subjetivo y no sólo como rasgo del contexto social. Un humanismo que pone énfasis en la humanidad, en el aquí, en el ahora y en el futuro que nos espera en nuestro cotidiano existir. Hoy nos encontramos ante un sujeto en crisis, habitante de un mundo inestable cuyos efectos estamos aún lejos de predecir. Un individuo que necesita reconstruir sus modelos de pensar, de sentir y de hacer (su esquema referencial), como así también reencontrarse en la producción de nuevos tejidos sociales.

El significante humanismo proviene del quehacer filosófico. Pues, ¿de qué humanismo estamos hablando aquí? En principio, de un humanismo de orden ético, que considera al individuo como un sujeto y jamás reducido por entero a objeto. En tal sentido, Enrique Pichon-Rivière creó el concepto de vínculo en reemplazo del de relación de objeto (en el especial significado que le da la psicología), siendo una estructura de mayor complejidad que incluye al sujeto, al objeto y a su mutua interrelación con los procesos de comunicación y aprendizaje, desde la necesidad como motor de esa relación. Dicha ética proviene del interés y la necesidad humana: una nueva escala de valores que se convierte en un nuevo paradigma, algo así como una remozada interpretación del mundo. Nos referimos a un deseo fervoroso de cambio social, junto a la esperanza activa hacia el logro de esa transformación, más allá de toda culpa y de todo sentimiento de fracaso.

Cuando el sujeto descubre que el engranaje social en el que se cobija está en plena inestabilidad, entiende que las normas y valores fijos sobre los que cree deslizarse plácidamente se han modificado. Es allí donde el operador psicosocial está llamado a convertirse en un agente del cambio social planificado, ya que individuo y sociedad se remiten el uno al otro en una interacción constante. Nuestra disciplina aborda esa dimensión vincular: la lectura y la intervención en las tramas vinculares. Cada persona forma parte de un tejido social del cual es portavoz y emisario, en una relación mutuamente transformante. El humanismo también considera al hombre en su condición de instancia superior y tiene como meta su bienestar. Hace hincapié en la dignidad y el valor del ser humano, siendo un refugio frente a la crisis general del sistema en que vivimos. Constituye una crítica a un mundo que se deshumaniza día a día, ese que nos hace sentir que el piso cede bajo nuestros pies.

Johann G. Herder, y con él toda la época de Goethe, pensaba que lo divino en el ser humano era su humanitas. Confiaba en que el hombre, en un acto virtuoso de modestia, pudiera volver su mirada hacia sí mismo, a sus perfecciones e imperfecciones. La operación de la psicología social también consiste en tornar audibles las manifestaciones de nuestro mundo interno, de lo latente, de lo implícito. La existencia de lo inconsciente es un refugio para la humanidad, y pone al sujeto en posición de echar un vistazo sobre el desarrollo de su vida y de ser capaz de tomar decisiones en su propio beneficio. Trabajamos para el cambio y a la vez nos cambiamos a nosotros mismos; co-pensamos con los otros al copensarnos, siempre en procura de movilizar los estereotipos de la conducta. Y habremos de estar siempre atentos a las posibilidades que los individuos tienen para desplegar una acción transformadora como aprendizaje de lo real, promoviendo una conciencia crítica.

El maestro Eckhart también puso el acento en el aprender a vivir en tanto naturaleza más profunda del individuo. Aquí, el término naturaleza (shizen) no se corresponde con su concepto occidental. La palabra “shizen” está formada por dos caracteres chinos: uno que significa desde sí mismo, y el otro que denota el ser así. Naturaleza sería, entonces, "ser así, como se es desde sí mismo". La psicología social logra parecerse en algo al zen, pues ambas disciplinas conducen al sujeto al encuentro con un real que lo despierta. Otra idea fundamental y nuclear en la que confluyen es la que se refiere al nacimiento de la palabra en el alma del hombre: la imperiosa necesidad de hallar el sentido oculto, el mensaje simbólico trascendental por debajo de toda interpretación meramente literal. Basamentados en tal humanismo, no deberíamos meditar tanto en lo que tenemos que hacer, sino pensar, sentir y obrar a partir de lo que somos: simplemente desde nuestro ahora esencial.

Otro que intentó trazar los límites dentro de los cuales se desarrolla la problemática de la humanitas fue Friedrich Nietzsche: ciencia y arte bajo la perspectiva de la vida. Pensaba en la fiesta de la conciliación del ser humano con la naturaleza; un constante acuerdo entre naturaleza y humanidad. Ambos, humanismo y psicología social, alientan la creatividad y los deseos de cada persona. Todo acto creador responde a mecanismos que nos ayudan y permiten evitar el caos interior. El ámbito de lo psicosocial es precisamente un lugar en el que la realidad humana puede ser libremente recreada; un dispositivo en el cual cada sujeto sea capaz de restablecer el hilo de su propia historia para volver más legible -sin tantos pretextos- su texto singular y su contexto social. Que la persona, en su condición de sujeto productor y a la vez producido, logre ir aclarando esos capítulos censurados de su existencia, aquellos marcados por un olvido u ocupados por algún embuste.

De lo antedicho se desprende que sostenemos una psicología social que piensa la humanidad de la persona desde su proximidad al ser, convertida en un humanismo en el que lo que está en juego es la esencia singular e histórica del hombre. Aunque también sabemos que esa proximidad es lo que más lejos le queda al individuo, ya que el sujeto que abordamos es el que resulta comprometido con las palabras del Otro que lo han fundado en su singularidad. La trama del lenguaje nos espera antes de nacer, al igual que el deseo de los padres siempre resulta convocado. Es recién a partir de aquí que el humano puede ser voluntad y producirse a sí mismo eligiéndose. Jean Paul Sartre destacaba, desde su existencialismo también humanista, que lo importante no es lo que hacen de nosotros, sino lo que nosotros mismos hacemos de lo que hacen de nosotros. El operador psicosocial trabaja teniendo en cuenta a ese hombre en situación dentro de su complejo y variado mundo de relaciones.

Para finalizar estas breves consideraciones, creemos que el humanismo es asimismo meditar y cuidarse de que el individuo sea humano en lugar de no-humano, inhumano o meramente ajeno a los mejores aspectos de su esencia. Al igual que la psicología social, se opone al determinismo, al fatalismo y a la predestinación, para afirmar categóricamente que, aunque el hombre esté condicionado por su pasado y por ciertos criterios objetivos, tiene siempre la posibilidad dentro de ellos para crear su propio destino. Avalamos una ética humanista como la propuesta por Erich Fromm, que toma al individuo como postulado y lo sitúa como fin último, tanto en el plano histórico como en el plano existencial. Con Martin Heidegger, concluimos expresando que a cada uno de nosotros nos queda abierta la pregunta de si encontraremos lo destinal y adecuado a nuestra esencia, aquello que responde nada más y nada menos que a nuestros propios destinos. La respuesta está en nosotros.